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La Cruzada (Madrid)

Cultura
Con el subtítulo “revista semanal de ciencias, literatura y artes” aparece al final del reinado isabelino, fundada por un grupo de universitarios neocatólicos a cuyo frente se encontraba un entonces joven de apenas veinte años que durante la Restauración será uno de los principales dirigentes católico-vaticanistas del canovismo, Alejandro Pidal y Mon (1846-1913), que en 1874 fundará también La España católica. Publica su primer número el tres de marzo de 1867, cuando ya se editaban en Madrid por parte de los neocatólicos los diarios El Pensamiento español y La Lealtad, mientras que los carlistas tenían La Regeneración y La Esperanza, así como la revista quincenal La Cruz. Nació para "combatir la introducción de la ideología revolucionaria en la Universidad" y servirá también para recaudar limosnas para la obra pía del Dinero de San Pedro, indicando que “los productos líquidos de esta publicación, cuya redacción y colaboración son gratuitas, se destinan al alivio de las necesidades del Sumo Pontífice”, haciendo profesión de fe a favor de Pío IX, como “Papa rey”. Al expresar su programa comenzará diciendo: “Defender el catolicismo en la ciencia y el arte, atacar el racionalismo, sustentar la esplendente doctrina católica enseñada por la Iglesia: tal es el fin teórico de nuestra publicación”. La revista contará con un cuadro media docena de redactores y una treintena de colaboradores. Entre los primeros están Enrique Pérez-Hernández, el marqués de Monesterio (José María Martorell y Fivaller), Florencio Plá Sampedro o el presbítero Liborio Acosta de Latorre, y entre los segundos, los marqueses de Heredia, Casa-Irujo y de Pidal o los condes de Toreno o de Cheste (Juan de la Pezuela), así como Carlos María Perier, Antonio Aparisi y Guijarro, Aureliano Fernández-Guerra y Orbe, José Selgas y Carrasco, Manuel Tamayo y Baus, Juan Pérez de Guzmán, Leopoldo Augusto de Cueto, Enrique Aguilera Gamboa, Plácido Jove y Hevia, Antonio Benavides, Valentín Carderera, Manuel Cañete, fray Joaquín Fonseca o Cándido y Ramón Nocedal, entre otros. Aparece como administrador-secretario Luciano Acosta. Sus entregas son de ocho páginas, compuestas a dos columnas, que fueron impresas por R. Vicente y después por M. Rivadeneyra. Con paginación continuada anual, su colección la integran tres tomos, contando cada uno con un índice general de materias. Al comienzo de cada entrega inserta un sumario y en su cabecera un gran grabado, en cuyo interior aparecen reseñados los siglos XI y XIX. Publica numerosos artículos doctrinales y críticos sobre religión, cristianismo, protestantismo, política, filosofía, historia, arte, literatura, educación, archivística, periodismo o sobre la mujer, entre otros, así como cartas y pastorales de prelados, manifiestos o discursos. También noticias e informaciones sobre actualidad, especialmente la relacionada con el movimiento neocatólico o la convocatoria del Concilio Ecuménico, dejando principalmente los textos de creación literaria para las composiciones poéticas, muchas de ellas de carácter religioso, aunque publica también cuentos y otras narraciones. Vicente de la Fuente y Bueno publica una serie de artículos sobre la expulsión de los jesuitas en España, al cumplirse su centenario, entrando en dura controversia con A. Ferrer del Río, que había publicado en 1856 su Historia del reinado de Carlos III, quien le contestará con otra serie de artículos publicados en La Esperanza. También inserta juicios críticos, como el que publica F. Javier Simonet sobre Historia de los musulmanes en España, de R. Dozy. Al anunciar su desaparición, por motivos económicos, en su entrega número 314 y última, del 23 de octubre de 1869, indica que la revista La Cruz, dirigida por León Carbonero y Sol, se hará cargo de sus suscripciones.