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La Pluma (Montevideo)

Cultura
Revista cultural especialmente representativa de una década -los años veinte del siglo XX- de desarrollo cultural y estabilidad política en Uruguay –que llegaría a ser denominada la Suiza de América-, según Checa Godoy (1993). Está reconocida como el órgano más importante de la renovación estética uruguaya de esos años que, pretendiendo mantenerse por encima de ideologías y corrientes, no soslayó el enfoque de ninguna de las inquietudes fundamentales de su tiempo, tanto en lo cultural como en lo político y lo social, caracterizándose por su cosmopolismo, en palabras de Videla de Rivero (1982), autora que analiza su labor de difusión de las vanguardias europeas y americanas, a pesar de haber iniciado su andadura desde una posición ecléctica. Su empeño de dinamizadora de la cultura nacional uruguaya lo extendió a un vasto internacionalismo, pues además de reflejar la actualidad intelectual uruguaya y procurar su proyección al exterior, recogió cuanto de nuevo se manifestaba en aquel mundo de entreguerras. Con el subtítulo “artes, ciencias, letras”, aparece el uno de agosto de 1927, con intención de ser una revista mensual, aunque realmente su frecuencia fue irregular –prácticamente, bimensual- en entregas voluminosas que estaban entre el centenar y medio y los dos centenares de páginas, compuestas a dos columnas. Su fundador y director –hasta su número 16- fue el conocido crítico y escritor uruguayo de origen argentino Alberto Zum Feld (1889-1976) y estuvo editada por Orsini Bertani (1869-1939), un emigrante italiano con precedentes anarquistas. Aparece como secretario de redacción José Pedro Bastitta. Sus dos últimos números estarán bajo la dirección del poeta uruguayo Carlos Sabat Ercasty (1887-1982), aunque no aparece su mención en la cabecera, mostrándose citado Álvaro A. Araujo como nuevo secretario de redacción en sus números 16, 17 y 18. Inserta artículos que abarcan los diversos y dilatados aspectos que en aquéllos años interesaban sobremanera a la intelectualidad mundial, sobre política, sociología, obrerismo, sexualidad, ciencia, cultura, literatura, arte (pintura, música, arquitectura), teatro, etc. Y da cabida a la creación literaria tanto en verso como en prosa. Publica poemas de Apollinaire, traducidos por Luis Eduardo Pombo; una guía de poetas norteamericanos, que empezaba por Whitman y Dickinson, bajo la firma el poeta mexicano Xavier Villaurrutia; da cuenta del movimiento literario y artístico argentino, en un texto firmado por Argo Tres; describe la nueva literatura peruana, que da a conocer Federico Bolaños; traza el perfil de los poetas de la revolución mexicana, por parte de Serafín Delmar (Reynaldo Bolaños). Ofrece un noticiario cultural y una sección bibliográfica de novedades literarias, en la que Celestino Gorostiza publica la reseña de la Galería de poetas nuevos de México, de Gabriel García Maroto. Peregrino Junior firma el artículo que referencia el vanguardismo en Brasil. Ildefonso Pereda Valdés escribe sobre el ultraísmo norteamericano. Dedica también atención a la literatura japonesa, etc. Da extensa cuenta de acontecimientos culturales y artísticos, como el Salón de Otoño de 1927. Interviene en la polémica suscitada en torno al centralismo cultural abierta por La gaceta literaria (1927-1932), la revista madrileña de Ernesto Giménez Caballero. Cuenta también con las colaboraciones de Juan Carlos Abella, Emilio Frugoni, Luigi Fabri, Eduardo Dieste, Manuel de Castro, Manuel Bernárdez, Sara Bollo, Baltasar L. Brum, Juana Ibarbourou (Juana Fernández Morales), A. Montiel de Ballesteros, C. Vaz Ferreira, entre otros. Publica poemas vanguardistas de poetas uruguayos, como Emilio Oribe, Fernán Silva Valdés, Ildefonso Pereda Valdés, Juan Llambías de Acevedo o Clotilde Luisi. Como señala la ya citada Videla de Rivero, la lectura de esta revista permite tener un panorama amplio de la poesía de vanguardia del continente americano, con frecuentes referencias al ultraísmo español, y de las relaciones de las vanguardias con el “nativismo” y el “negrismo”. Por otra parte, Alicia Susana de León de los Santos y Cynthia Jimena Torres de Silva, que han analizado la postura visionaria y comprometida de la revista con una identidad cultural latinoamericana propia, concluyen que fue capaz de sentar las bases para posteriores rupturas con las hegemonías imperialistas dominantes, como antecedente de la mítica revista uruguaya Marcha (1939-1974). Ocupó, pues, un carácter central dentro de las publicaciones uruguayas del mismo perfil de aquella época, como Alfar, Cartel, La cruz del sur o Los nuevos. También destaca de esta revista sus numerosos grabados –algunos en color y/o desmontables- con reproducciones artísticas (dibujos, óleos, aguafuertes), como los que publica de Picasso. Incluye también numerosas inserciones publicitarias. A la colección de la Biblioteca Nacional de España le falta el volumen 19 y último, correspondiente a septiembre de 1931. En 1970 se publicó su índice analítico en Revista de la Biblioteca Nacional (Montevideo).