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El Gran Bvfón (Madrid)

Gran Bufon
Revistas satíricas y humorísticas
Utilizando la ‘u’ latina en su título, esta revista causó ya gran admiración en su tiempo, fundada y dirigida por quien, desde finales del siglo XIX, se había convertido en un innovador dibujante e ilustrador de la prensa madrileña, Ricardo Marín y Llovet (1874-1955). Publica su primer número el 22 de diciembre de 1912, y sus entregas serán de dieciséis grandes páginas, estampadas muchas de ellas en tricomía, con textos literarios de una larga nómina de escritores modernistas y bohemios y bellas ilustraciones de marcada crítica y fuerte factura expresionista, en las que abundan especialmente las de su propio editor, que fallecería en México, a finales de 1955, país al que había llegado en 1940 formando parte del exilio español. Con el subtítulo “semanario ilustrado de humorismo” (salía los domingos), se emparentó con las revistas europeas de su tiempo y siguió el modelo de la revista alemana Simplicissimus (1896-1944) en la se habían dado cita Thomas Mann o Rainer María Rilke y el ilustrador Thomas Theodor Heine. Su portada la ocupará por completo una ilustración a varias tintas, con colores que también serán utilizados en muchas de las que publique en su interior e, incluso, en la tipografía de sus textos, dándole al conjunto una bellísima estampa modernista. Junto a Marín, publicaron caricaturas, viñetas o apuntes al natural, a lápiz o a pluma, dibujantes ya afamados por entonces, como Mariano Félez Bentura (1883-1950), Salvador Bartolozzi (1882-1950), José Moya del Pino (1891-1969), Ramón Manchón Herrera (1883-1953) o Alfonso Daniel Manuel Rodríguez Castelao (1886-1916), Cerezo Vallejo, Barbero, Villem-Gullwal, Guilbramson o Rulette. Y en sus páginas inician su labor artística dibujantes como Rafael de Penagos (1889-1954) y un Exoristo Salmerón (1877-1925), hijo del que había sido uno de los presidentes de la I República -Nicolás Salmerón-, que utilizaba el seudónimo Tito. Entre sus redactores y colaboradores literarios se encuentran Jacinto Benavente, Luis Gabaldón, Manuel Abril, Joaquín Dicenta, Diego San José, Carlos Soler, Andrés González Blanco, Emilio Carrere, Juan Brasa, Rafael Leyda, Luis Bonafoux, Prudencio Iglesias Hermida, Federico García Sánchez, Antonio de Hoyos y Vinent, Ismael Urdaneta, Julio Carabias, Eugenio López Aydillo, Gabriel Durenzo, Ramón Fernández Mato, Ceferino R. Avecilla, Rey Soto, Francisco Villaespesa o José Francés. Éste, en un artículo que publicaría en La Vanguardia, el 12 mayo de 1950, rememoraría la revista de la que había sido uno de sus principales redactores y encumbró, preguntándose por la suerte de un Ricardo Marín del que desconocía su suerte, si había muerto o vivía aún. El semanario confeccionado por Marín prestó atención a todas las manifestaciones artísticas de su época, desde los espectáculos teatrales y taurinos hasta la exposición de carteles, desde concursos de carrozas hasta las publicaciones literarias, no obviando tampoco la moda, así como los ataques a Maura o a Romanones, a la burocracia, la burguesía y, por extensión, al poder, hasta dar con sus huesos con su probable cierre por orden ministerial, tan generalizado en aquéllos años de la monarquía alfonsina. En sus páginas quedaron retratados artistas, toreros, pintores, escritores, políticos… y tuvo hasta una sección bajo el epígrafe Exlibris. Insertó también anuncios publicitarios de una bella plasticidad en su tipografía e ilustraciones que se sumaban a la de las composiciones literarias y artísticas del conjunto de la revista. La vida de la revista de Marín fue muy breve y publicó su número 19 y último el tres de mayo de 1913. A partir de su número ocho, había editado como “suplemento de toros” un cuadernillo de cuatro páginas bajo el título Pepe-Hillo, con secuencia propia, y que también puede ser consultado en esta Hemeroteca Digital. Esta revista tan cercana a las vanguardias, renovadora tanto por su plasticidad como en lo literario, ha sido estudiada por Sandra Domínguez Carrero en varias de sus facetas, desde la presencia en ella de Ramón María del Valle Inclán hasta su visión de la ciudad bajo la conceptualización de un Charles Baudelaire. También López Ruiz (2006) la ha calificado de magnífica publicación obra de un extraordinario dibujante, que también fue, entre otras de sus facetas, ilustrador en solitario de una edición del Quijote digna de bibliófilos.