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El Eco del comercio (Madrid)

Periódicos anteriores a 1850
Con la muerte de Fernando VII y el final del absolutismo, y la asunción de la Regente María Cristina del título de Reina Gobernadora por la minoría de edad de Isabel II, se iniciará la transición hacia el Estado liberal al mismo tiempo que se produce un “nacimiento” de la prensa española al estilo de la europea que, en su tratamiento formal y carácter político, durará todo el siglo XIX. El Eco del comercio será el modelo más destacado de esa prensa informativa y política que, en este caso, se convertirá en el más cualificado órgano del liberalismo avanzado a través del cual se formará el Partido Progresista. Aunque se dice que es continuador del Boletín de comercio (1832-1834), que había sido el periódico más combativo del despotismo ilustrado que había significado el ministerio de Francisco Cea Bermúdez en los estertores del reinado fernandino, sólo lo será así en cuanto su cuerpo redaccional será el que figure en la fundación del Eco, pues con las nuevas leyes de imprenta del periodo cristino este periódico adoptará ya la fórmula empresarial para su edición, que será distinta a la de su predecesor ideológico, que es suprimido el 30 de marzo de 1834. El Eco del comercio nace el uno de mayo de este año, siendo su fundador y director Fermín Caballero, así como su principal redactor junto con Ángel Iznardi durante los primeros años. Fermín Caballero, que escribió asiduamente en la publicación, dejó escrito en unas notas autobiográficas recogidas en Pericia Geográfica de Miguel de Cervantes (edición de 1918): ‘el 1º de mayo fundo El Eco del Comercio, que tan famoso llegó a ser y tan antiguo’. Pero también resaltan posteriormente en su redacción otros prohombres de las letras y la política del progresismo español, como Joaquín María López y Félix de Bona, así como los también periodistas Mateo Aillón, Juan Bautista Alonso, Antonio Collantes Bustamante, Juan Meca, Antonio Ramírez Arcas, Fermín Verlanga, y los historiadores Manuel Díez Ilarraza y Fernando de Corradi, entre otros. No dejará de aparecer ningún día, aunque a lo largo de su dilatada existencia –tres lustros- dejará de salir los domingos o los lunes. Será un periódico de gran tamaño (que variará a partir del uno de julio y seis de noviembre de 1837 y de uno de diciembre de 1846), de tipografía pequeña, de cuatro páginas y a varias columnas (a 2, 3, 4 y hasta 5). La división de sus contenidos será asimismo establecida a través del método de las secciones fijas: Noticias de España, Noticias de provincias (con epígrafes para cada una), Noticias del extranjero (encabezadas por cada país), Noticias oficiales (legislación y otras normativas), Noticias comerciales, Cortes, Miscelánea, Anuncios, etc. Estos, ubicados al final de la cuarta plana, cada vez irán ocupando más espacio, a los que se le irá tratando con llamativos alardes tipográficos. El faldón de la primera página será dedicado a la crítica y creación intelectual y artística, que después será ocupado por el naciente folletín, que ocupará también el faldón de la segunda página. En las páginas centrales se ubicarán las noticias nacionales y extranjeras, pero también el artículo político y de fondo, que en este caso siempre irá encabezado con su data. Y la última será dedicada, además de la a publicidad naciente, que al principio sólo será de bibliografía para después ir apareciendo la comercial, a los asuntos más livianos (sucesos, tribunales, espectáculos) y también a las noticias económicas. Asimismo, se establecerá la sección Revista de prensa. A lo largo de su vida será el periódico de la oposición ministerial por antonomasia, con Martínez de la Rosa, con el conde de Toreno e, incluso, durante la Regencia de Espartero (1840-1843), alienándose con los “trinitarios”, ya que anteriormente había aplaudido el nombramiento como primer ministro de Mendizábal, mostrándose siempre favorable de la amortización de los bienes eclesiásticos y nacionales. Tuvo varias épocas; la primera acabó el 31 de agosto de 1842, cuando la propiedad pasó a Manuel Francisco Mendialdua. Desde el 23 de diciembre de 1843 pasó a manos de Fernando de Corradi y José Gálvez Cañero, hasta su reaparición el 25 de abril de 1844, después de haber estado suspendido desde el nueve de febrero de ese año. Su segunda época se prolonga hasta el 27 de abril de 1848, al ser suspendido nuevamente, y la última será la más breve: desde el 15 de octubre al 11 de diciembre de 1849, fecha de su desaparición. Además de la de Madrid, publicó una edición de provincias, así como un suplemente de ocho páginas de carácter literario y político-satírico, desde el 16 de mayo de 1844 al cuatro de mayo de 1845, que editaba los jueves y los sábados. Al principio fue estampado en la Imprenta de Tomás y Jordán, pero durante la mayor parte de su existencia contó con una propia, aunque también salió de la de Pablo Bustamante. Como editores responsables –la figura administrativo-política que nace estos años con las diferentes leyes de imprenta- aparecen Mariano de la Paz García, L.D.G. de Soto, Juan Rebollo y Manuel Liendo. Con su desaparición, será El clamor público (1844-1864) quien mantenga la antorcha de la defensa y difusión de las ideas políticas de la revolución burguesa inspirada por el partido progresista español. [Descripción modificada el 23/11/2022]