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La Nueva Iberia (Madrid)

La Iberia (Madrid. 1854) || La Iberia (Madrid. 1868)
Periódicos
El periódico La Iberia, fundado en 1854 por Pedro Calvo Asensio (1821-1863) y cuya publicación quedó suspendida en junio de 1866, cuando su entonces director, Práxedes Mateo Sagasta (1825-1903), tuvo que exiliarse a Francia, junto con otros destacados miembros del Partido Progresista, reaparecerá el dos de enero de 1868, bajo este nuevo título en un momento en el que se había producido una tímida apertura por parte del gobierno del Partido Moderado, presidido por Ramón María Narváez (1800-1868), que permitirá la reanudación de otras cabeceras prohibidas, como fue el caso también de Las novedades (1850). Previamente, en septiembre de 1867 había regresado del exilio José Abascal y Carredano (1829.1890), copropietario junto a Sagasta del diario portavoz de los liberales progresistas, que reunirá a parte de la anterior redacción de La Iberia. La nueva cabecera reinicia serie y numeración, mantiene subtítulo –diario liberal-, formato y las cuatro páginas por número, compuestas a seis columnas. Introduce al comienzo de cada entrega un sumario de sus contenidos. Sus secciones son las de Política interior (con artículos también de economía o agricultura), Política exterior, Crónica parlamentaria, Crónica de provincias, Crónica general, Despachos telegráficos, Gacetilla de Madrid y de teatros, Correspondencias (de París, Londres o Florencia), Boletín religioso (cultos) o Espectáculos (cartelera), además de un folletín en los faldones de las dos primeras páginas, dejando para la última los anuncios comerciales. La nueva cabecera tirará, como la antigua, cuatro ediciones, dos “grandes” y dos “económicas. Las primeras para circular “entre las clases acomodadas de la sociedad” y las segundas, para la “clase media”, indicará el propio diario. Los ejemplares de la colección de la Biblioteca Nacional de España indican “primera edición”. La Nueva Iberia actuará como portavoz de los liberales expatriados que estaban conspirando contra la dinastía y trabajará por la fusión de una destacada fracción del Partido Demócrata con el progresista. Con el fallecimiento de Narváez, el 23 de abril de 1868 y la alianza sellada entre los generales Serrano y Prim, Isabel II sólo podrá contar con Luis González Bravo (1811-1871) para presidir el Consejo de Ministros, quien el 19 de mayo cierra las Cortes e inicia una especie de dictadura civil, incapaz de frenar la revolución que se avecina. Tras el célebre artículo atribuido a Francisco Javier Carratalá (1830-1870), publicado por La Nueva Iberia el 3 de julio bajo el epígrafe “La última palabra”, en el que alude al pacto entre liberales y moderados, ofrece el plan de la sublevación y dirá que “unidos podemos ir todos”, González Bravo decretará la detención y destierro de todos los generales unionistas. Se ha escrito que el diario de los progresistas liderados por Sagasta fue el que más contribuyó al desencadenamiento de la Revolución Democrática de 1868. Durante los sucesos que se producen con los levantamientos militares que se inician el 18 de septiembre ofrece una amplia revista crítica de prensa. El 24 de ese mes disminuye su formato y reduce a cuatro columnas la composición de sus páginas, indicando que ello es debido al “estado de guerra” y no poder escribir de política. Su editor responsable en este periodo es Hilario Fernández y su director será Francisco Javier de Moya (1821-1885), aunque si se sigue la relación de Hartzenbusch (1894), pudo estar también dirigido por Manuel Lasala y Carlos Massa Sanguineti (1823-1883). El 29 de septiembre La Nueva Iberia publica su número 227 y último. A partir del día siguiente retoma de nuevo su singular y primitivo título: La Iberia, cuya colección forma parte también de la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España.