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Semanario de agricultura y artes dirigido a los párrocos (Madrid)

Revistas de información general || Agricultura y ganadería
Primer periódico español dedicado exclusivamente a la agricultura y uno de los más importantes de contenido económico y científico de su época, promovido por el primer secretario de Estado Manuel Godoy (1767-1851) como una de sus iniciativas ilustradas y como instrumento de su política agraria. Ha sido considerado como un órgano de prensa semioficial y sus promotores fueron Juan Bautista Virio, Domingo García Hernández y Juan Antonio Melón (1758-1843). Este clérigo, naturalista y afrancesado, acusado de volteriano por Menéndez Pelayo, será su primer director, desde la salida del periódico, en enero de 1797, hasta finales de 1804, pues al comenzar el siguiente año su edición pasará a depender del Real Jardín Botánico de Madrid, siendo a partir de entonces sus principales responsables y redactores, el director de esta institución, Francisco Antonio Zea, y los también botánicos Simón de Rojas Clemente y los hermanos Claudio y Esteban Boutelou, colaborando, entre otros, el veterinario Agustín Pascual, así como más de un centenar, entre laicos y clérigos, que lo hicieron como “corresponsales” enviando “cartas” a los editores. El objetivo de la publicación, que aparecerá ininterrumpidamente cada jueves hasta su desaparición el 23 de junio de 1808, en entregas, generalmente, de dieciséis páginas y con la inserción de una lámina en cada número, será el fomento y desarrollo agrícola y el de las artes, industrias y manufacturas anejas, recogiendo todas aquellas novedades que en España, y sobre todo en el extranjero, se producían para el adelanto de estas actividades económicas. Su propósito es que los párrocos rurales fueran quienes difundieran a los propietarios agrícolas y a los campesinos analfabetos, es decir, a los productores, los conocimientos agrícolas, aprovechando el relanzamiento de las publicaciones ilustradas impulsado por Godoy en un momento en el que las publicaciones de carácter económico en España alcanzan “plena madurez”, tal como señala María Dolores Sáiz. Llegó a tener una importante tirada que alcanzó los 3.000 ejemplares, y en 1805 contaba con 2.273 suscriptores entre la élite política y eclesiástica de un país que contaba todavía con unas estructuras feudales poco propicias a planteamientos renovadores. Sus secciones más frecuentes son Agricultura, Economía doméstica, Plantíos, Artes, Libro y Carta a los editores, pero también contiene textos sobre jardines, huertas, bosques, riego, botánica, medicina doméstica, veterinaria, arquitectura rural o pesca y caza. Contiene artículos de divulgación de técnicas y promoción de cultivos y manufacturas, información sobre medidas profilácticas e higiénicas y da cabida en sus páginas a una problemática e ideas críticas y renovadoras. Para Fernando Pérez Rodríguez, quien llevó a cabo un primer estudio sobre el semanario, este es “un documento que refleja no sólo las contradicciones de la política agraria del momento sino la problemática real que se oponía a los intentos reformistas”. Su colección completa la integran, además del prospecto, 599 números (el primero, sin fecha, debe corresponder al cinco de enero) que forman 23 tomos semestrales, con índices de palabras y materias y de autores y obras citadas en el último número de cada semestre (cada uno con paginación correlativa). Además del citado Pérez Rodríguez, Elisabel Larriba y Gérard Dufour han analizado desde distintos ángulos la importancia y vicisitudes de esta publicación y de quienes la hicieron posible.