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El Procurador general de la nación y del rey (Cádiz)

El Procurador general del rey y de la nación || El Procurador general del rey y de la nación
Periódicos anteriores a 1850
Con varios meses ya en vigor la primera Constitución española, el uno de octubre de 1812 nace este periódico en Cádiz, convirtiéndose en el más representativo de la prensa reaccionaria y anticonstitucional del periodo doceañista, para propagar lo que sus editores y redactores consideran el vínculo indisoluble entre nación, absolutismo monárquico y religión católica y combatir furibundamente el liberalismo, y que estará dirigido a los poderosos de la nobleza y del clero. Más doctrinal y político que informativo, será un diario, en números de ocho páginas, salido de la imprenta de la viuda de Comes –también lo fue de la de Vicente Lerma-, que comienza con las breves notas del santoral y el culto religioso, para a continuación ofrecer la parte política, con artículos comunicados, cartas, así como poemas, cuentos, anécdotas, apotegmas, fábulas, diálogos, etc., utilizando en muchas ocasiones el estilo satírico y burlesco y en otras el laudatorio y el moral. También incluirá crónicas parlamentarias, decretos, noticias de España y del extranjero y las locales de la Capitanía del Puerto, avisos, anuncios, etc. Sus principales redactores serán los fogosos y combativos antirreformistas Justo Pastor Pérez, ferviente servil de Fernando VII, que utilizó los seudónimos Lucindo y El Imparcial; el diputado Andrés Esteban, el presbítero Francisco José Molle y el también diputado y canónigo Guillermo Hualde. Colaborarán el monárquico-católico marqués de Villapanés y la poetisa María Manuela López Ulloa, que en pésimos versos atacaba las ideas reformistas y llegaba a escribir que le producía horror las “voces seductoras de igualdad, libertad, nación, independencia, ciudadanos, derechos naturales e imprescriptos”. El periódico utilizó grandes energías en su continua compaña contra los regeneracionistas y llegó a acusar de ateos, herejes, jansenistas, afrancesados y hasta “filósofos” a los miembros de la comisión constitucional que dictaminaron la abolición de la Inquisición, y llegó a ser acusado de alarmante, indecente, subversivo y sedicioso por sus ataques extremistas a las nuevas instituciones constitucionales. También de haber sido financiado secretamente con 4.000 reales mensuales por el propio Consejo de Regencia. Sus redactores fueron encausados en decenas de pleitos y alguno sufrió prisión o huyó para evadirse de los delitos de imprenta de los que fueron acusados. Con el traslado a Madrid y la reapertura de las Cortes, el 16 de enero de 1814 sus redactores iniciarán la segunda época del diario editándolo desde la capital del reino, en la imprenta de Francisco Martínez Dávila, estampando bajo la cabecera el lema “Viva Fernando”. Molle renunciará a ser su editor en marzo de 1814, sustituyéndole Domingo Antonio Velasco, hasta que en junio de este año, tras el golpe de estado fernandino el diario inicia su tercera época, cambiando su título por: El procurador general del rey y la nación, convirtiéndose Dávila en impresor de Cámara de S.M. Tras el decreto del cuatro de mayo de disolución de las Cortes, se convirtió en el símbolo de la delación de los liberales, incitando a su atroz persecución y violencia. Todavía tuvo una cuarta época, en la que estampó el escudo real bajo su cabecera, desde el uno de enero hasta el 27 abril de 1815. Como defensor del absolutismo y la fe y la iglesia católicas reaparecerá durante el Trienio Liberal, entre 1822 y 1823, reduciendo su título a: El procurador general del rey (véase este título). En esta colección también se incluye el número 1, fechado el uno de enero de 1824, y salido en Sevilla de la imprenta a cargo de García, bajo el título El procurador general del rey y la nación, a donde, al parecer, habían tenido que huir de nuevo sus redactores. Publicó numerosos suplementos y apéndices, algunos de ellos forman parte de esta colección de la Biblioteca Nacional de España, como uno redactado por Francisco José Molle.