« Volver

La Unión Católica (Madrid)

La Unión (Madrid. 1882)
Periódicos
Con el subtítulo “diario religioso, político y literario”, que mantendrá durante toda su existencia, aparece el seis de junio de 1887, como continuación, en parte, del también diario La unión (1882-1887), inspirado asimismo por Alejandro Pidal y Mon (1846-1913) y el partido político confesional del mismo nombre, que en 1881 había sido fundado al objeto de adherir al régimen de la Restauración a los sectores carlistas e integristas y que, en 1884, había terminado incorporándose al Partido Liberal-Conservador canovista. Esta ruptura se produce a causa de las desavenencias personales con el propietario “industrial” de La unión, Manuel María de Santa Ana (1820-1894), asimismo fundador y editor de La correspondencia de España (1859-1925), en la que participan, junto a Pidal, los condes de Canga-Argüelles y de Guaqui y Ceferino Suárez Bravo (1824-1896); su director, Damián Isern y Marco (1852-1914), y los redactores Santiago Espino y Eugenio Fernández Hidalgo, entre otros. Su Consejo de Redacción estará integrado por Marcelino Menéndez Pelayo, Santiago de Liniers, Joaquín Sánchez Toca, Alejandro Pidal y Mon, Ceferino Suárez Bravo, los condes de Orgaz, de Guaqui y de Canga-Argüelles y por el marqués de Olivart. La nueva cabecera, aunque no se considera órgano oficial de partido que agrupa al posibilismo neocatólico, mantendrá el mismo carácter ideológico que su antecesora, situada en el ala ultraconservadora del canovismo, pero a la vez enfrentada a carlistas e integristas, polemizando agriamente con El correo catalán, baluarte de los primeros. A la misma vez que será un periódico defensor y sumiso al oficialismo católico, a su episcopado y al papado. Comienza cada número (no salía los domingos), compuesto, primero a cuatro columnas y, después, a cinco, con un artículo doctrinal o editorial. Publica crónicas políticas y de Cortes. Tendrá secciones denominadas Nota del día, Crónica de la tarde y Recortes (revista de prensa); ofrece noticias y telegramas de agencias; dispone de corresponsales en provincias y en el extranjero, cuyas crónicas aparecen bajo el epígrafe Carta, e incluirá información sobre bolsa y espectáculos. Asimismo cuenta con un Boletín religioso y otra sección denominada Culto y clero, además de dar cuenta de documentos episcopales y vaticanistas; así como folletín, y sus anuncios comerciales ocuparán prácticamente su última plana. Desde el cinco de abril al 22 de noviembre de 1892, publica un suplemento cada martes (sin aumentar la paginación ordinaria de cuatro páginas por número) titulado Páginas sueltas, dedicado a textos de corte literario, en prosa y en verso. Más adelante incorpora grabados de retratos de personajes (eclesiásticos, políticos, etc.). Debido, probablemente, a su salud mental, Daniel Isern terminará siendo sustituido en la dirección por Juan Menéndez Pidal (1858-1915), hasta la desaparición del diario, que publica su número 3.505 y último el catorce de febrero de 1899, tras doce años de publicación. Ello se produce, quizá por su debilitamiento en el campo de la prensa, en un momento en el que Francisco Silvela (1843-1905), que había estado liderando la Unión Conservadora (1892-1898) y a quien el periódico había estado defendiendo, inicia, tras el asesinato de Antonio Cánovas del Castillo (1828-1897), la reconstrucción del viejo Partido Liberal-Conservador.