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Diario de Navarra (Navarra)

Periódicos
Aparece su primer número el 25 de febrero de 1903, en Pamplona, como diario matutino provincial de tendencia conservadora e integrista, aunque se proclamará “independiente” de partidos políticos, declarándose defensor de los “verdaderos sentimientos religiosos del país” y, por tanto de inspiración católica, así como valedor “resueltamente de nuestro régimen privativo”, es decir, del foralismo, que al principio hace extensivo al vasquismo, incluida su lengua, para que antes de que acabe su primera década en la palestra periodística navarra enfrente su carácter eminentemente españolista y navarrista al nacionalismo aranista cuando éste muestre su aspiración a la constitución de un Estado propio, y el PNV comience a publicar La Voz de Navarra (1923-1936). Pero, al mismo tiempo, nace para frenar y combatir las ideas socialistas, de izquierdas, progresistas y laicas. Competirá también, al principio con el canovista El Eco de Navarra (1876-1913), y seguidamente con el canalejista El Demócrata navarro (1904-1906) y el liberal demócrata dinástico El Pueblo navarro (1916-1931). Considerado como el portavoz de la derecha navarra desde su nacimiento, su ininterrumpida larga trayectoria no solo le ha convertido en el decano de la prensa de esta comunidad, sino que alcanza la hegemonía al llegar a alcanzar su difusión las tres terceras partes de la total de su prensa a finales del siglo veinte, posicionándose en un lugar destacadísimo entre los diarios regionales españoles de mayor tirada, al ocupar el cuarto puesto entre estos y el noveno a nivel estatal, con una venta media en torno a los sesenta mil ejemplares diarios, que más tarde irán reduciéndose. Durante escaso tiempo, José Vicente Berazaluce Ramos fue su primer director, hasta que desde 1905 a mayo de 1906, fuera dirigido por uno de los fundadores del diario, Eustaquio Echauri Martínez, que utilizó el seudónimo Fradúe, y terminó siendo desterrado por el obispo pamplonés. Su siguiente director, Mario Ozcoidi Castán (1877-1968) será procesado, condenado y preso por injurias contra el rey Alfonso XIII en 1912, y tras ser indultado regresará a la redacción del periódico ya como redactor o redactor-jefe hasta 1938. A Ozcoidi le sucedió Raimundo García García (1884-1962), que lo dirigirá hasta su fallecimiento, es decir, durante cincuenta años, siendo conocido por su principal seudónimo –Garcilaso- aunque también usara el de Ameztia durante el periodo republicano. Durante la larga dirección de Raimundo García, que también actuaría como político, el diario reforzó su ideología derechista, que alcanzará una tendencia antiliberal y antidemocrática. Así, apoyará la Dictadura primoriverista; atacará a la República y combatirá el Estatuto de Estella (1936), es decir, el estatuto de autonomía vasco, y no sólo aplaudirá el “alzamiento” militar de julio de 1936, sino que García, como amigo de uno de los principales impulsores del golpe de Estado, el general Francisco Franco, participará como enlace civil en Navarra entre los carlistas y el también cabecilla de la rebelión militar el general Emilio Mola. Durante el periodo republicano había sido suspendido por el Gobierno en varias ocasiones, como otros tantos periódicos españoles y navarros, muchos de ellos tradicionalistas, como fue el caso del carlo-integrista La Tradición navarra (1894-1932) y el carlista-jaimista El Pensamiento navarro (1897-1981), tanto en 1931 como tras la sanjurjada de agosto de 1932, sufriendo asimismo asaltos de las masas en la primavera de 1936. Y durante la Segunda Guerra Mundial, defenderá los presupuestos fascistas del Eje, a la vez que será defensor de la Dictadura franquista. A lo largo de su historia, el diario ha sufrido variaciones en su formato. Como los demás periódicos españoles de la posguerra, y con rotativa en sus talleres desde 1912, que irá renovando a lo largo del siglo veinte, sus ejemplares eran de cuatro páginas impresas a siete columnas en esa época. Tenía establecidas corresponsalías en las principales poblaciones de la provincia, y ya con taller de fotograbado propio, incorporó en esos años al fotógrafo José Galle Gallego, cuando declaraba una venta por suscripción en torno a los 8.000 ejemplares, según el Anuario de la prensa española (1955-1956). Su empresa editora sigue siendo la misma desde su nacimiento: La Información, S.A., fundada el cinco de enero de 1903, cuyo Consejo de Fundadores estaba integrado, según el Anuario de la prensa española de 1970, por Serapio Huici Lazcano, Silvestre Goicoechea Atáun, Fermín Iñarra Echenique, Pedro Irurzun Arregui, Virgilio Sagüés, Vicente Díaz y José Cecilio Azcárate Lana. Tras la guerra civil había aparecido como su gerente Jesús María Sagüés Irujo, hasta que a comienzos de la década de los setenta Javier Irujo González-Tables asuma la presidencia de su Consejo de Administración, que más tarde estuvo en manos de Demetrio Martínez de Azagra e Irujo. El 29 de octubre de 1962 había asumido la dirección del diario José Javier Uranga Santesteban (1925-) quien llegará a sufrir un gravísimo atentado terrorista cerca de la redacción del periódico, en agosto de 1980, salvando su vida a pesar de haber recibido un tiro de gracia. Uranga, que utiliza el seudónimo Ollara, continuará al frente de Diario de Navarra hasta que, en noviembre de 1990, Julio Martínez Torres (1938-), asuma la dirección, que cederá en 2006 a Inés Artajo Ayesa (1956-). Ya con un formato tabloide, diseño moderno e incorporación del color en las últimas décadas de la centuria, que remodelará a partir del 18 de noviembre de 2007, su éxito radica en la atención a la información local que le dedica. Así de una tirada en torno a los 30.000 ejemplares a mediados de la década de los sesenta, supera los 40.000 en 1976, y veinte años después los 63.000 ejemplares de media diaria, mientras que su competidores directos en la comunidad foral, en 1994, estaban en torno a los 12.000 ejemplares de Navarra hoy (1982-1994) y su continuador, Diario de noticias (1994-), o los 7.000 de Egin (Hernani: 1977-1998). Dado su acusado carácter provincial y localista, Diario de Navarra llega a publicar hasta cinco ediciones comarcales o de merindad. A partir del 28 de agosto de 1986 comenzó a editar un cuadernillo semanal para las poblaciones de la ribera navarra bajo el título La Ribera tuledana, que después convirtió en la Edición Tudela y Ribera; desde el 23 de octubre del mismo año, un quincenal como Edición Tierra Estella; entre 1987 y 2007 el también quincenal titulado Cidacos (Cordovilla), en la zona media de la provincia, con grandes poblaciones como Tafalla y Olite; así como el mensual Eco del Pirineo, para la zona pirenaica navarra que va desde Valcarlos a Isaba. Además, desde 1991, edita un Anuario. Gómez Aparicio (1981) y Seoane y Sáiz (1996) tratan de pasada este título navarro que supera ya el centenar de años de vida. Las referencias bibliográficas sobre la prensa navarra de finales del siglo diecinueve y comienzos del veinte son las de Ana María Calzada (1964) y Sánchez Aranda (1986), a las que hay que añadir los estudios de Lecea (1976) y Ramón Lapeskera (1996). Sánchez Aranda realiza su tesis doctoral en 1983 sobre el Diario de Navarra, y sigue estudiándolo en otros trabajos de 1984 y 1988, y junto a Roberto Zamarbide, en 1993. Los aspectos ideológicos del diario han sido estudiados por Víctor Moreno (1986); los tecnológicos, por Zoco Sarasa (1994); los de su información económica por Guzmán de Reyes (2005), y su estilo periodístico por Johnson Barrella (2005). Chueca Intxusta (1990), Fernández Viguera (1992) y Ugarte Tellería (1996) han analizado el papel del periódico y su director, Ramón García ‘Garcilaso”, en el golpe militar de 1936. A estos hay que sumar los trabajos publicados por Erro Gasca (1999), Castañeda Vallejo (2001), Zugasti Azagra (2006) y López Pan y otros (2013). Asimismo, García Ortega (2009) ha analizado el papel de la prensa navarra en la Transición política; y Caminos (1996) y Arriaga Landeta y Pérez Soengas (2000 y 2001) la prensa vasco-navarra del último tercio del siglo veinte. Por su parte, Osés Larumbe ha estudiado al portavoz del PNV La Voz de Navarra (1923-1936); Saiz Pascual (2004), a El Pueblo navarro (1916-1931) y Gallardo Uribe (2009), a El Demócrata navarro (1904-1906).