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El Duende (Madrid. 1913)

Revistas de información general
Es un claro ejemplo de semanario sensacionalista, fundado y dirigido por Adelardo Fernández Arias (1880-1951), que ejerció un periodismo provocador y agresivo hasta en lo personal, llegando al enfrentamiento en duelo físico con sus oponentes. Su título –muy utilizado en la prensa española desde el siglo XVIII- corresponde en este caso al seudónimo reducido El Duende de la Colegiata, que su director había popularizado previamente como colaborador del Heraldo de Madrid (1890-1939). Comienza a publicarse el dos de noviembre de 1913, apareciendo cada domingo en entregas de dieciséis páginas, compuestas a tres columnas y con gran número de ilustraciones, especialmente fotografías y caricaturas, algunas de ellas estampadas a dos tintas y a toda plana, pero también con chistes gráficos. Anteriormente, a partir del once de mayo de 1910, Fernández Arias ya había publicado este título, en entregas también de dieciséis páginas, pero compuestas a dos columnas, que tuvo corta vida y, según Gómez Aparicio (1974), para su reaparición ahora, un año antes del comienzo de la primera guerra mundial, pudo recibir financiación de la Embajada de Alemania en Madrid para la propagación de los intereses de este país. El mismo Gómez Aparicio no duda en calificar los contenidos de este “semanario ilustrado” de “semilibelescos”, que conforman una amalgama en la que se suma la crónica negra y de sucesos, las denuncias y críticas de corrupción contra personas e instituciones (diputación provincial o ayuntamiento de Madrid) o los asuntos de alcoba. Destaca el abundante espacio que dedica al mundo de los teatros, de donde toma fotografías de actrices y artistas para secciones como la titulada Bellezas del teatro, algunas rozando lo que se ha denominado sicalíptico, y aunque se ocupe también de los estrenos, incluye asimismo una sección bajo el epígrafe Chismografía teatral. También tendrá secciones de Actualidades, Política, Tribunales, Sports, Toros o Literatura, así como otras dedicadas a correspondencia de los lectores, como las tituladas Ecos del público y Se dice, o la dedicada al folletín por entregas. El mosaico y el estilo de sus textos, en los que se utiliza a veces un tono entre humorístico, jocoso, desenfadado o festivo, hace “difícil” el “encuadramiento”, a juicio de López Ruiz (1995), de este semanario que marca las pautas de la prensa amarilla. El propio periódico utiliza reclamos constantes en sus páginas en los que empezará expresando: “Somos furiosa y agresivamente monárquicos. ¡Nada más!”; hará constante gala de su independencia, con eslogan como “Somos independientes” o “Este periódico no pide favores a nadie”; o intentará curarse en salud, diciendo que “Este periódico acusa, pero no injuria ni calumnia”. Asimismo informará que la compañía anónima que lo edita se había constituido ante notario con 100.000 pesetas de capital social. Debió alcanzar grandes tiradas, hasta los 150.000 ejemplares, y sus inserciones publicitarias aumentaron hasta ocupar, además de faldones, hasta dos planas completas. La mayor parte de sus textos carecen de firma, algunos de ellos son entrevistas en cuyas fotografías si aparecen los autores. Aún así, entre sus colaboradores se encuentran los nombres de Prudencio Iglesias Hermida (1884-1919), autor de la sección Hombres y cosas de mi patria y de mi tiempo, y que Seoane y Sáiz (1996) le atribuye la co-fundación del periódico, y que debió ayudar a Fernández Arias a redactar la mayor parte de sus contenidos; así como Enrique Royo (en su sección Literatura); Rafael F. López, autor de la novela original de su folletín; Fernando López Martín o el revistero taurino conocido con el seudónimo Don Justo. Junto a sus numerosas fotografías en sus entrevistas o crónicas y las de actualidad, que carecen también de autor, sus caricaturas y algunos chistes gráficos (algunos con pies de tono sexual atrevido), si llevan firma, y aparecen los nombres de dibujantes y caricaturistas de teatros, como José María del Hoyo (1885-1954), con el seudónimo D’Hoy; Enrique Martínez de Echevarría (1884-1959), con el de Echea, y Fernando Gómez Páramo (1881-1949) que, con el de Fresno, fue caricaturista de actores y actrices de teatro y variedades; además de Crispín, entre otros. Utiliza el titular a grandes caracteres en su primera plana, y estampado en sus primeros números en la imprenta y fotograbado de Nuevo Mundo, en su corta vida debió ser denunciado, procesado y multado en varias ocasiones un semanario de contenidos que hoy se denominan “basura” (López Ruiz: 2006). En sus últimas entregas dedica especial y gran espacio a asuntos de Barcelona y a anunciar que el audaz y provocador Fernández Arias iba a ser el director del diario gráfico de la noche La Razón, que aparecería en breve. El número 26, correspondiente al tres de mayo de 1914, es el último de la primera época, pero no había aparecido el domingo anterior, 26 de abril. Según Seoane y Sáiz, entre las causas de su suspensión pudo estar el sablazo que el director recibió del Duque de Maqueda durante un duelo. Martínez Arias volverá a resucitar al semanario El Duende durante el periodo republicano, el cuatro de junio de 1933, con el número 27 y 24 páginas; y en 1937, en plena guerra civil, en Zaragoza, escorado completamente al filofascismo.