« Volver

El Jorobado (Madrid)

Revistas satíricas y humorísticas || Periódicos anteriores a 1850
Aparece entre la publicación de los dos decretos desamortizadores de Juan Álvarez Mendizábal (1790-1853), el uno de marzo de 1836, para combatir a este, y tras su dimisión, para defender a su sucesor en la presidencia del Consejo de Ministros desde el 15 de mayo, el moderado Francisco Javier de Istúriz, para desaparecer dos días después del Motín de los Sargentos de La Granja y la asunción de la presidencia del Gobierno del progresista José María Calatrava (1781-1846), el 16 de agosto. Será un diario (excepto domingos), que tendrá “el fundamental propósito de poner sangrienta, pero donosamente, en solfa todos los actos del Gobierno de Álvarez Mendizábal y, por supuesto, de su presidente”, indica Gómez Aparicio (1967). Será un periódico de carácter político-satírico, acusado de alcanzar la desvergüenza y procacidad, en medio de la lucha encarnizada que en la primera parte del periodo cristino se ventila en el seno del liberalismo español, entre el conservadurismo o moderantismo y el progresismo, cuyo partido quedará fundado cuatro años más tarde. Sus redactores quedan amparados en sus respectivos seudónimos, añade Gómez Aparicio. Estos no son otros que cuatro escritores de “atrevido ingenio” que inauguran un periodismo sarcástico que alcanza la privacidad, asunto que llegará a ser ventilado hasta en una sesión del Estamento de Procuradores. Ante las dudas iniciales de que el propio Mariano José de Larra (1809-1937) fuese su artífice o participara en su redacción, uno de sus redactores, Antonio María Segovia (1808-1874) tuvo que firmar los textos bajo su seudónimo El Estudiante. Ramón de Castañeira, con el seudónimo César Romano, pudo ser su director. Y a estos dos les acompañaron Juan López Peñalver y el procarlista Manuel Valdés, con el seudónimo Valdés de los Gatos. Como periódico de la noche comentaba lo que los periódicos de la mañana publicaban, y formó parte del frente periodístico conservador, junto a La ley (1836), El español (1835-1842) y La revista (1832-1836), contra el Eco del comercio (1834-1849) y El nacional (1835-1836), manteniéndose neutral en la contienda El liberal (1836). Sus entregas son de cuatro páginas, compuestas a dos columnas, en donde la actualidad política es la materia prima de sus artículos y comentarios, aunque tenga secciones como Artículo de oficio, Variedades, Mosaico, y de paso a información internacional y a correspondencia, a críticas teatrales y literarias. Así, junto a sus acusaciones de fraude de las elecciones de febrero y sus reclamaciones de limpieza electoral y su crítica a las sociedades patrióticas (secretas), se mostrará satírico con las escritoras y “poetisas”, con la emancipación o los derechos de las mujeres, y, en suma, con el romanticismo. En su cabecera va un grabado de un jorobado batiendo un látigo, firmado por L. Burgos G., y llega a tirar un número extraordinario con tres litografías. En el número 73 aparecen algunos trozos del conocido artículo de Espronceda: El ministerio de Mendizábal. El diario no sobrevive al proceso revolucionario iniciado con la sargentada de La Granja, cuando doña Cristina, la Reina Gobernadora, se ve obligada a firmar la reinstauración de la Constitución de 1812, aunque un mes antes, Segovia y López habían anunciado dejar sus colaboraciones para pasarse al también moderado monárquico-constitucional de Andrés Borrego (1802-1891): El español. Su colección la integran 142 números. En el último indica que los suscriptores serán indemnizados con El duende, que, con el subtítulo “periódico romántico”, empieza a editarse al día siguiente. Entre la bibliografía de referencia, citamos el trabajo de 62 páginas de Alfred Bell Strehli (An Analytical Study of El Jorobado, Universidad de Ohio, 1926); el Índice de El Jorobado, diario literario de Madrid, 1836, elaborado en 124 páginas por María Carmen Tomás, en 1945, y el artículo que Alvin F. Sherman, Jr. publica en 1993 bajo el título Larra vs. El Jorobado.