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El Áncora (Barcelona. 1850)

Periódicos
Su largo subtítulo –diario religioso-social, económico-administrativo, literario, mercantil, de noticias y avisos- ya puede dar idea de lo que va a ser un periódico que aparece el uno de enero de 1850 fomentado desde el catolicismo tradicional para combatir la difusión de las nuevas ideas políticas y sociales, que denuncian no sólo las prerrogativas que mantiene la iglesia durante la construcción del Estado liberal. En Barcelona, a la cabeza de este periodismo militante católico y conservador, que tacha las ideas innovadoras de “disolventes”, se pone el canónigo y catedrático Antoni Palau i Termens (1806-1862), que ya venía publicando Revista católica (1842-1868), de mayor calado apologético y doctrinal, y que también forma parte de la colección de la Biblioteca Nacional de España. El diario de este núcleo católico conservador en Barcelona aparece en un formato en octavo, con números de 16 páginas y foliación continuada, compuestas a dos columnas. Su cabecera va adornada con un grabado de un crucifijo que se posa sobre un corazón en llamas, y sus contenidos se estructuran en las secciones propias de un diario noticioso, a las que se suman otras de carácter confesional. En las primeras se encuentran las dedicadas a crónicas extrajera, nacional, parlamentaria y local, a noticias de alcance o últimas noticias o las que publica bajo el epígrafe Parte telegráfico eléctrico; a noticias y anuncios oficiales, parte comercial (embarques de los puertos de Barcelona y Cádiz, cotizaciones, etc.), crónica artística o cartelera de espectáculos. Un gran número de estas informaciones o noticias son extractos de otras seleccionadas previamente de periódicos españoles y extranjeros, o de la propia Gaceta de Madrid. Cada número se encabeza con un parte meteorológico y el santoral y su parte redaccional empieza con un artículo de carácter religioso-social, doctrinal o apologético, y cuenta con la sección Diario cristiano, en donde da cuenta de los cultos y otros oficios religiosos. De ahí que para estructurar el diario, sus artífices a veces lo dividan en dos partes, dándole el título de Diario de avisos a la parte de los contenidos noticiosos y comerciales (que incluso llegará a tener numeración y paginación propia), ocupando sus últimas páginas los anuncios publicitarios, que irán en aumento. Además de Palau, el principal de sus redactores –o acaso también su director- será el catedrático de Patología de la universidad barcelonesa Joaquim Cil i Borés (1805-1882), y colaboran en sus páginas otros periodistas católicos, como Josep Maria Cuadrado (o Quadrado), Ramón Boldú, Pere Milà de Roca, Narcis Blanch, Melcior Bonfill y Manuel Angelón. Como editor responsable aparece Josep Pons, y como censores eclesiásticos, los reverendos padres José Palau y Francisco de Paula Moliner. La colección de este título comienza con el número 4, correspondiente al cuatro de enero de 1850, y acaba en el número correspondiente al 30 de septiembre de 1855. A partir del 14 de noviembre de este año reducirá el subtítulo a “periódico religioso-social de avisos”, al mismo tiempo que cambia su formato a gran folio, reduce sus páginas a cuatro y aumenta su composición a cinco columnas, es decir, adopta el formato característico del diario de información general. El grabado de su cabecera ya había sido sustituido por otro con los escudos de España y Cataluña. Publica su último número el 29 de febrero de 1856, y desde el día siguiente, uno de marzo, será continuado por el diario barcelonés El País, con el subtítulo diario político y del que será editor responsable Raimon Berdal, hasta que este publique su último número el 27 de agosto de este año, pasando sus suscripciones al Diario de Barcelona (1792-1993). El sector católico conservador barcelonés dispuso de su diario a lo largo del bienio progresista, cuando Palau ya era obispo de Vic (1853-1857), muriendo siéndolo de Barcelona (1857-1862).