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Nuestro diario (Madrid)

Revistas de información general
Periódico mecanografiado y ciclostilado de una sola página, escrito por los vecinos del número 48 de la madrileña calle Lagasca durante todo el año 1937, en plena guerra civil española, que se subtitula “órgano de la casa” y es considerado como “periódico original inédito”. Al comienzo de la colección aparece el “cuadro de redacción” con las fotos de quien fue su fundador y director (Félix Morales Parra), redactor jefe (Eugenio Sanz Morales), redactor de sociedad (Alfonso Sanz Morales), dibujante (Joaquín Val), conserje (Manuel Val) y el “chico de la redacción” (Angelito Ruiz), siendo los primeros jóvenes de mediana edad, y los dos últimos, niños. Está compuesto a tres columnas, y en su cabecera se indica que el precio de la suscripción es “la voluntad”. Lleva secuencia y está datado, y los lunes no aparecía. Comienza a publicarse el uno de febrero de 1937, y en su saludo se exhorta a su lectura, porque, “además de darles las noticias de esta casa, pasarán un rato alegre al leer los chistes”, se dice. El siguiente comentario lleva el epígrafe “No me hable usted de la guerra”, expresando en el mismo que se equivocan totalmente quienes creyeran que se trataría de “un noticiario de guerra”, ya que sería “absurdo” y porque “no queremos ponernos demasiado serios”, añade. También se imprime en su página el reclamo “lea usted nuestro diario”. Aún así, además de dar cuenta y felicitar por los natalicios, cumpleaños, dar cuenta de visitas u otras menudencias cotidianas que se producían en la finca (en la sección Sociedad), con indicación de los nombres de los vecinos afectados, se da también la noticia de la salida al frente de alguno de éstos, se inserta un artículo bajo el epígrafe “Mandamientos del evacuado” o se hacen comentarios contrarios a la propia guerra en sí. Pero sobre todo sus páginas se abren a la creación literaria y artística de quienes lo redactan. Destaca en todos sus números los dibujos coloreados y humorísticos, firmados por Val y Pichi, así como sus textos poéticos y líricos o los relatos de algún viaje. También publica, por entregas, una historia de la Puerta del Sol. La última entrega, de 31 de diciembre del mismo año, está formada por doce páginas, en cuyo artículo de despedida su director expresa que el diario había servido “a la vez de distracción y entretenimiento de los vecinos y en muchos casos de freno a las pasiones y costumbres de los moradores”. En este último número se publica una selección de sus “mejores artículos” y una relación con los nombres y edad de los vecinos, que previamente habían sido evacuados de otros inmuebles madrileños, indicando también su procedencia.