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El Mundo ilustrado (Barcelona)

Semanarios de amenidades
Con el subtítulo “biblioteca de las familias: historia, viajes, ciencia, artes, literatura”, el barcelonés establecimiento editorial Espasa y Compañía inicia con este título una publicación coleccionable dirigida directamente a suscriptores, con un formato cómodo, en cuadernos de 32 páginas y paginación continuada hasta formar tomos de 24 números, que debió, por ello, tener una frecuencia de aparición quincenal, aunque la indicación del año de las entregas puede dar lugar a cierta confusión. Destaca de esta revista, por un lado, la profusión de sus excelentes ilustraciones y el carácter de las mismas, directamente relacionadas con los textos que ofrece, con una media de unas dos docenas de ellas por cada entrega o cuaderno, algunas ocupando la plana completa, como es el caso de las portadas, pero también en el interior, e, incluso, a doble página y de forma desplegable, así como la inserción de láminas cromo-litografiadas. Por otro lado, el mismo carácter de sus textos, también en forma de entregas, dando prioridad a los de autores europeos, especialmente franceses e italianos, pero también alemanes, que son traducidos por escritores y catedráticos españoles, algunos de estos de la Universidad de Barcelona. A lo que añade otros textos de creación literaria (narraciones, dramas y composiciones poéticas), en este caso, sobre todo, de autores españoles. Además de otros artículos y ensayos sobre ciencias naturales, tecnología o arte. Como sus abundantes y excelentes grabados en blanco y negro están directamente referidos al contenido de los primeros textos citados, estos son, generalmente, paisajes, vistas de ciudades, lugares, edificios y otras construcciones monumentales y tipos pintorescos, de zoología, botánica o geología. Los primeros, de países extranjeros, como Italia, Venezuela, Japón, Marruecos, Egipto o Palestina, o de ciudades como Constantinopla, o las clásicas de Grecia y Roma. Además de reproducciones de obras pictóricas o dibujos de estas, y algunos mapas. Entre sus magníficos dibujantes destaca Eusebio Planas (1833-1897). Sus textos traducidos son, principalmente, de contenido histórico, geográfico, antropológico, de arte o de viajes, además de cuentos o alguna novela. De tal forma que publica fragmentos de la obra Italia, de C. Stieler, traducida por Mariano Blanchi; Marruecos y Constantinopla, de Edmundo de Amicis, traducida por Cayetano Vidal de Valenciano; Palestina, según el Coronel Wilson y otros, traducida por Francesc Miquel y Badía (1840-1899); Egipto, de Jorge Ebers, traducida por Antonio Bergnes de las Casas; Grecia y Roma, de Jacobo de Falke, traducida por Francisco Barado; o cuentos de Charles Perrault, traducidos por José Coll y Vehí; así como Historia natural del hombre, de Juan Montserrat y Archs, en donde describe las razas de los cinco continentes, con un apartado dedicado a Siria y Mesopotamia; el artículo “El átomo”, por José Ortega y Munilla, o Madre mía, novela original de Antonio de Pádua. Para sus poemas, que aparecen al final de cada cuaderno, cuenta con miembros de la Academia de la Lengua, como Antonio Arnao, Adelardo López Ayala, Manuel Cañete, Ramón de Campoamor, o José Selgas y Ventura Ruiz Aguilera. Otros autores extranjeros de los que publica textos son J. Rambosson, Ernesto Cadéze o Enrique M. Stanley, autor este de El continente misterioso, traducido por Mariano Blanch; y otras de sus firmas son las de Melchor de Palau, Juan Justo Uguet, Concepción Gimeno, Patrocinio Biedma o la de Francisco de Paula Rojas, que escribe sobre ciencia. Otros artículos versan sobre música e higiene o medicina domésticas. Por sus contenidos y magníficas ilustraciones este proyecto editorial estuvo destinado a una burguesía ilustrada catalana que tuvo así acceso al conocimiento sobre otros países, a través de sus elementos históricos, antropológicos, artísticos o literarios. Espasa debió estar publicando este título hasta prácticamente sustituirlo por el de su segunda revista: La ilustración moderna (1892). La colección de El mundo ilustrado en la Biblioteca Nacional de España comprende 96 cuadernos, que forman sus cuatro primeros tomos, y que indican los años 1879 a 1881. Pero al final de la colección digital se encuentran también 104 cuadernos, sin expresar la fecha, que forman los tomos quinto al octavo, a los que se le añade la indicación de primera serie y una duplicación de secuencia, al indicar también que corresponden a los tomos primero al cuatro, de la segunda serie, con un total de 1.016 páginas. En la última entrega de cada tomo incluye un índice al final.