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El Movimiento católico (Madrid)

Periódicos
Diario fundado por el obispo Sancha y Hervás, promotor del primer Congreso Católico Español celebrado en Madrid en 1889, aspiraba a servir de nexo de unión de las distintas corrientes católicas, divididas en torno a la cuestión dinástica o la libertad de cultos, para hacer frente al republicanismo y el laicismo. Su posición doctrinal era la del Vaticano, tendente a encontrar un marco de convivencia de la Iglesia con el liberalismo, lo que se conoció como posibilismo. Su director, Valentín Gómez, que había dirigido el principal periódico tradicionalista durante la última guerra carlista, fundó luego la Unión Católica junto con Alejandro Pidal con el objetivo de adherir al régimen de la Restauración a los carlistas. De cuatro páginas, la última destinada a anuncios, y compuesto a cinco columnas, El Movimiento católico daba prioridad obviamente a la información proveniente de la Iglesia, tanto del Papa León XIII como de los obispos, españoles y extranjeros, e incluía también folletines de ideología conservadora como la novela Doña Blanca de Navarra, del escritor y político tradicionalista Francisco Navarro Villoslada. El periódico, que no salía los domingos, dedicaba espacio a la información política tanto interior como del exterior. La guerra de Cuba fue uno de sus temas recurrentes y, al igual que otros diarios, mantuvo una posición de defensa del honor patriótico y de desprecio a Estados Unidos por su apoyo a los rebeldes cubanos. Aunque cuando mayor difusión alcanzó fue con otra guerra, la de Melilla, llamada también del Margallo o Primera guerra del Rif, entre 1893-94. El diario desapareció antes del desastre del 98. Su último número, de 5 de octubre de 1897, consta sólo de dos páginas, la primera es un artículo del director a toda página con el título: “Nuestra despedida”, y la segunda está dedicada a publicidad y a los números de la lotería. En esta despedida, Valentín Gómez explica las causas de la desaparición del periódico lamentando la “lucha fratricida” que le había impedido lograr su fin último: la unión de los católicos. Sus palabras son un buen diagnóstico de la situación de una buena parte del catolicismo español de finales del siglo XIX, reacio a seguir las directrices del Papa en cuanto a la necesidad de que los católicos mantuvieran una posición de respeto hacia el poder político constituido. Con amarga ironía, escribe: “…Hoy por hoy, el Papa León XIII no tiene más contrariedades –íbamos a decir más enemigos- que las que le proporcionan sus amantes hijos”, aludiendo a los ataques que el diario que dirigía había recibido de los periódicos carlistas y ultracatólicos: el Siglo Futuro, la Fe o El Correo español y que habían provocado el fracaso de los congresos de unión y la falta de apoyo económico al darse de baja muchos suscriptores de El Movimiento católico. [Descripción publicada el 10/09/2018]