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La Física moderna (Madrid)

Ciencias
En noviembre de 1887 nacía esta revista que, obviamente, no tenía nada que ver con lo que nosotros conocemos como física moderna, es decir, la mecánica cuántica o la teoría de la relatividad, conceptos aparecidos en el siglo XX. En el caso de esta publicación de finales del siglo XIX el adjetivo moderna se refería a los entonces recientes descubrimientos científicos en el campo del electromagnetismo, sobre todo, y a sus múltiples aplicaciones prácticas traducidas en inventos útiles. En su primer número, la revista daba cuenta de su razón de ser: “La Física es la ciencia que más ha adelantado en este siglo. El vapor, el telégrafo, el teléfono, el fonógrafo, la luz eléctrica, la fotografía son otras tantas maravillas que lo atestiguan. La fiebre de los descubrimientos está en su apogeo, y los problemas en estudio tienen tanta importancia y trascendencia como los resueltos”. De periodicidad mensual y 16 páginas por número, incluía numerosos grabados de aparatos e instrumentos, gráficos, imágenes de experimentos, y en su última página solía publicar un boletín bibliográfico con los libros y publicaciones periódicas de reciente aparición relacionados con las ciencias, y en particular con la física. Más adelante, su última página incluyó problemas de física cuya respuesta era enviada a la redacción por los lectores, generalmente alumnos de las escuelas politécnicas. Algunos ejemplos muestran que la revista tenía un nivel muy aceptable para la España de la época. En su número 1 informaba de la creación del Instituto Central Meteorológico, con el que España aspiraba a situarse al nivel de las más avanzadas naciones europeas en la predicción del tiempo. En el 4, de febrero de 1888, abría su portada con la descripción del fonógrafo recién inventado por Edison con un grabado del mismo, y en el siguiente número de marzo informaba del experimento del péndulo de Foucault y, en otro artículo, dedicado a la fotografía, insertaba una instantánea que refleja lo avanzada que estaba la técnica fotográfica. Impresa en la Escuela Tipográfica del Hospicio, el director gerente de la publicación era Clemente G. Aramburo, un industrial madrileño que junto con su hermano regentaba un establecimiento de instrumentos de precisión en la calle del Príncipe donde se hacían mediciones meteorológicas, como la temperatura del día, recogidas por los diarios de la época. Eran ópticos proveedores de la Casa Real y de los principales institutos y academias civiles y militares de España y su establecimiento pasaba por ser el mejor de Madrid. Su inauguración, el 11 de noviembre de 1882, fue recogida por la prensa. Así en La Época leemos que en sus elegantes escaparates podían verse desde aparatos de física a lámparas eléctricas y desde un telescopio complejo hasta una simple lente. Hacía diez años que habían empezado su negocio en una pequeña tienda y, según cuenta dicho periódico, habían podido hacer una gran inversión en el nuevo establecimiento ahorrando a base de dormir en la tienda para no pagar casa y gastando solo tres pesetas diarias en comer ellos con su aprendiz. El negocio debió ir bien, dado que unos años después se lanzaron a editar la revista La Física moderna. Pero la aventura editorial duró poco y la razón pudo ser la disolución de la sociedad de los hermanos en diciembre de 1889, pasando el establecimiento de óptica a ser propiedad de la viuda de Aramburo, según leemos en La Época. El último número de la revista que conserva la BNE es de marzo de 1889 y no parece que esta excelente publicación se prolongara mucho más. [Descripción publicada el 14/6/2018]