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La Aurora de la vida (Madrid)

Revistas infantiles
Periódico ilustrado dedicado a la educación e instrucción de los niños de ambos sexos, de carácter pedagógico, literario y artístico, dirigido también a profesores, tutores o padres, pero especialmente, a las madres. Con el lema “instruir deleitando”, empieza a publicarse el diez de noviembre de 1860. Contiene artículos de divulgación (historia, geografía, biografía, moral social, higiene o modas) y de creación literaria, con episodios y leyendas históricas, así como cuentos, novelas y otras narraciones (viajes y fábulas); pensamientos, acertijos, proverbios, máximas y consejos morales y religiosos, además de composiciones poéticas. Su cabecera va incluida en un bello grabado, e inserta una variedad de ellos entre el texto, con vistas de ciudades, monumentos, edificios singulares, escenas, personajes históricos, naturaleza o animales. Su primer director fue Faustino Bastús, que es autor también de muchos de sus textos y de lo “no firmado”, y contará con un destacado y amplio cuadro de colaboradoras y colaboradores literarios. De las primeras cabe citar, entre otras, a Robustiana Armiño de Cuesta (1821-1890), Ángela Grassi (1823-1883), Antonia Díaz de Lamarque (1827-1892), María de Pilar Sinués de Marco (1835-1893), Faustina Sáez de Melgar (1834-1895), autora de una serie de artículos sobre La literatura en la mujer, o Joaquina García Balmaseda (1837-1911), que firma Memorias de una niña. Entre sus colaboradores aparecen Emilio Castelar, Juan Eugenio Hartzenbusch, José Sánchez Biedma, Manuel Ovillo y Otero, Gaspar Bono Serrano, Casimiro Clavijo y Estacio, Cayetano Vidal y de Valenciano, Eduardo Bustillo, Gregorio Lago, Fernando de Rojas, Federico de Castro, Francisco de Espínola, José María de Larrea, Enrique Hernández, Juan Cuesta o Antonio Arnao, entre otros. Y entre las firmas de los grabados aparecen los nombres de Manuel Lázaro Burgos, Francisco Ortego y Vereda, Joaquín Sierra y Ponzano o Eusebio Zarza. Su primer editor responsable fue Ramón Vicente y después lo será Marcelino Martínez. Comienza apareciendo los días 10, 20 y 30 de cada mes, con formato folio, y su primer tomo integra 21 entregas de dieciséis páginas cada una, compuestas a dos columnas y estampadas, primero, en la imprenta de A. Vicente, y, después, en la del Colegio de Sordo-Mudos y de Ciegos, que suman un total de 332 páginas. A partir del ocho de junio de 1861 (número 22) inicia una “segunda época”, que forma un segundo tomo, ahora como semanario “pintoresco” y reduciendo a doce páginas sus entregas, teniendo como objeto “proporcionar a los niños de ambos sexos una educación sólida, católica, amena” y poder brindar a las madres “útiles consejos de que puedan aprovecharse en bien de sus hijos”. A partir de aquí su director y editor propietario será Pedro José de la Peña, quien, además de haber sido redactor de Semanario pintoresco español (1836-1857), había dirigido Educación pintoresca (1857-1859) y era propietario también de Álbum de señoritas, El Correo de la moda (1853-1864). Como editor responsable aparecerá indicado León Morán y la revista será estampada ahora en la Imprenta de Miguel Campo-Redondo. El número 49, correspondiente al 31 de diciembre de 1861, es el último de este tomo y, también de la colección de la Biblioteca Nacional de España, que suma otras 332 páginas. A partir de aquí su propietario y director anuncia la continuación de la revista, modificando el formato y reduciendo las entregas a ocho páginas y el cuerpo de lectura, en las que dedicará más atención a las cuestiones femeninas, con un sección de Labores, con sus correspondientes grabados.