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Día de moda (Madrid)

Literatura
Semanario literario ilustrado, fundado y dirigido por el prolífico escritor y periodista de origen aragonés Eusebio Blasco y Soler (1844-1903), creador del género bufo en teatro, a quien le acompaña en esta empresa editorial como dibujante, el calígrafo y pintor de origen almeriense Manuel Luque de Soria (1854-1918). Comienza a publicarse el nueve de febrero de 1880, saliendo cada lunes, en números de ocho páginas, que más tarde aumenta a dieciséis. Casi la totalidad de los contenidos de sus primeras entregas son de carácter humorístico y satírico, abundando los numerosísimos dibujos, retratos y caricaturas (de tipos o de personajes), viñetas, chistes y “monos” cómicos, del que es autor Luque; a la vez que la mayor parte de sus textos, tanto en prosa (sueltos, breves comentarios, diálogos, etc.) parecen salir también sólo de la pluma de Blasco. Más adelante, disminuyen las ilustraciones, aunque mantiene casi siempre su portada con un grabado, y aumenta el contenido literario, y a los de su codirector se sumarán los textos de un buen número de publicistas, entre los que se encuentran Joaquín Marsillach, Pedro María Barrera, R. Sánchez Pastor, Francisco Flores García, Manuel Reina, Enrique Sepúlveda, Ángel del Palacio, Manuel Matoses, Pedro Bofill, Luis Vidart, Sofía Pérez Casanova o Fernando Soldevilla, entre otros. Cada número comienza con la sección Conversación, y tiene otras bajo los epígrafes Álbum (en verso) o Frases y cosas. Además de sus textos de creación, tanto en prosa como en verso, y de índole costumbrista y social, alejados de la política u otras materias controvertidas, inserta también semblanzas biográficas, crónicas literarias y culturales, charadas, jeroglíficos, epigramas, y en su última página, anuncios comerciales. La colección de la Biblioteca Nacional de España alcanza hasta el número 50, correspondiente al 17 de enero de 1881, que formaría un primer tomo anual. Aunque Blasco indica la continuación del semanario, probablemente dejó de publicarse en esa fecha. Ello coincidirá con la marcha de Luque a París, en donde desarrollará una destacadísima carrera artística y se convertiría en uno de los ilustradores, como caricaturista político, de importantes revistas satíricas parisinas, y en donde, como pintor y grabador, será uno de los amigos de Henri de Toulouse-Lautrec y uno de los grandes creadores artísticos de la iconografía de los primeros poetas simbolistas franceses.