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La Instrucción pública (Barcelona)

Educación
Con el subtítulo “revista quincenal de pedagogía, ciencia y arte”, comienza a publicarse el diez de enero de 1902, siendo su editor Antonio J. Bastinos, cuyo padre había sido el fundador y director de la revista barcelonesa de educación más longeva -El monitor de la primera enseñanza: 1859-1928-, y cuya familia, desde mediados el siglo diecinueve, había constituido Casa Editorial y librería en la capital catalana. El director de la nueva revisa será el pedagogo A. Augusto Vidal Perera (1872-1922) -cuyo segundo apellido original es Parera-, catedrático entonces de la Escuela Normal de Barcelona, en cuya ciudad también establecerá una Clínica Pedagógica, especializada en psiquiatría infantil, que ostentará la presidencia de la Academia de Ciencias Pedagógicas y más tarde hará alguna incursión en la política. En su presentación, el editor señala que viene a continuar la labor del Boletín pedagógico español (1900), que había dirigido el malogrado Santiago Arnal, a la vez que hace gala a favor de la educación integral como palanca del progreso, e indicará que su programa es dar a conocer el pensamiento de los más ilustrados maestros de la ciencia pedagógica y los modernos descubrimientos, además de tratar sobre asuntos de historia, geografía, ciencias naturales o arte. Los textos sobre estas materias estarán ilustrados con fotograbados. La revista cuenta también con las secciones de La escuela en el extranjero, Pensamientos y Bibliografía, relacionada esta con la enseñanza, así como alguna necrología. Sus colaboradores serán catedráticos, profesores y maestros y algún publicista, y entre las firmas de sus textos aparecen las de Eduardo Vincenti y Reguera (que había sido director general de Instrucción Pública), Pedro Díaz Muñoz, Alfredo Opisso, Luciana Casilda Monreal de Lozano, Eugenio García Barbarín, R. Pomés y Soler, Pedro Díaz Muñoz, Andrés Cabré y Brú y Melchor García Sánchez, entre otros. Al final de su primer número, da cuenta de una relación de los redactores y colaboradores con los que iba a contar. Apareció los días 10 y 25 de cada mes, en entregas de 16 páginas, compuestas a dos columnas y con la cabecera ilustrada. En su número 12, correspondiente al 25 de junio del mismo año, anuncia sus suspensión, por lo que su vida apenas cumple un semestre.