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Montes e industrias (Madrid)

Industria
Desaparecidas Revista de montes (1877-1926), España forestal (1915-1930) y Renovación forestal (1926-1930), aparecerá esta publicación en noviembre de 1930, fundada y dirigida por el ingeniero de Montes Octavio de Elorrieta y Artaza (1881-1962), que ya había sido colaborador habitual de las dos primeras revistas citadas. Elorrieta, considerado el adalid o principal representante en las primeras décadas del siglo veinte de una renovación de la doctrina económica forestal española, apostaba por la primacía de los aspectos más tecnocráticos, productivistas y monetaristas de la riqueza de los montes, relegando cualquiera otra consideración, como era el problema social agrario o lo que el propio Elorrieta califica en el artículo de presentación de su revista como “movimiento de origen romántico”, que había tenido a su “apóstol del árbol” en Ricardo Codorníu (1846-1923) y cristalizado en las fiestas del árbol o en las aspiraciones políticas del partido socialista en las del primero de mayo. Elorrieta, de una personalidad compleja y a veces contradictoria, a juicio de quienes le han estudiado –como es el caso de Iñaki Iriarte-Goñi (2009)- y procedente del partido liberal pero con un planteamiento político y social conservador que no terminará de encajar con las aspiraciones de la II República Española, ya había obtenido cargos públicos durante la dictadura primoriverista –también los tendrá en la posterior franquista-, pues llegará a considerar que regímenes autoritarios como los citados eran el vehículo más eficaz para llevar a cabo el economicismo forestal sobre el que teorizó y propagó. De tal forma que, en un momento en el que había desaparecido la prensa forestal especializada, Elorrieta empezó a publicar su revista, en la que prestará especial atención a la industria resinera española y a su consorcio empresarial, a la corchera, a la producción nacional y abastecimiento de la madera, a su transporte y comercialización en los mercados, a la implantación del seguro y del crédito forestales, pero también a la ganadería española de montaña y a la colonización del suelo y, en definitiva, a las industrias españolas de las resinas, la madera, el papel y celulosa y a las manufactureras del corcho, sin obviar a las de esencias, a la de combustibles vegetales y carboneras, o a las del esparto e, incluso, a las de barnices y pinturas, jabones, las de alcanfor y seda artificiales o la del celuloide, así como las de explosivos. Sus entregas mensuales estarán en torno a la treintena de páginas, compuestas a dos y tres columnas. Cada número de la revista comienza con un editorial –que, aunque sin firmar, su autoría hay que aplicársela al propio Elorrieta-, le siguen otros artículos y está estructurada en secciones: Revistas de revistas (con reseñas del Boletín de pesca y caza y de las se publican en Suiza, Alemania, Francia o Estados Unidos), Bibliografía, Crónica (noticias sobre personal y nombramientos del ramo profesional de Montes, de congresos y asambleas, empresas y compañías, legislación o presupuestos y actividad de la recién creada Dirección General de Montes), Subastas e Información comercial (con cotizaciones de los mercados nacional –Madrid y Barcelona- e internacional de maderas y resinas, aranceles u ofertas y demandas). Dedicará también atención a las maderas coloniales africanas, como era el caso de esta industria en la Guinea Española, a la piscícola, a la repoblación y maquinaria forestal o a los pastizales, e incluso al paisaje y la explotación turística de los espacios naturales. Reproducirá también textos de conferencias y entre las firmas de sus artículos aparecen, generalmente las de ingenieros de Montes, como es la de Joaquín Ximénez de Embún, José Rodríguez Vilariño, José Tauler Servia, Salvador Robles Piquer, Ángel Esteva, Eugenio del Campo, Fernando Nájera, Leopoldo Pardo, Antonio Bernad, Ignacio Echevarría, Luis Ceballos, Mariano Tomeo, Salvador Robles, J. Meunier o la de J. Lillo Sanz. La revista llegará a conmemorar el centenario de la primera Escuela de Montes (1835-1935), con un artículo de su director, Enrique Mackay. Mantiene siempre el subtítulo “revista mensual ilustrada” e inserta fotografías, mapas, croquis, figuras, gráficos y otros esquemas y dibujos, además de datos estadísticos. Su cubierta, de diseño modernista, cuenta incluso con un dibujo de Bartolozzi, que después será ocupada por fotografías. También inserta publicidad comercial, utilizando a veces las dos tintas para su impresión. La revista comenzó a ser estampada en Artes Gráficas Sucesores de Rivadeneyra. Cada número cuenta con sumario y anuncio del siguiente. Cada anualidad (comenzando en el mes de noviembre) inicia paginación. No publicó ningún índice general, ni de materias ni acumulativo. El 47 es el último número de la colección y corresponde a su quinto año en publicación y al mes de noviembre de 1934.