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Semanario patriótico (Madrid)

Periódicos anteriores a 1850
Asenjo (1933) ya lo había calificado como “el primer periódico realmente político que se publicó en España”, después de que Gómez Ímaz (1910) lo hubiera verificado como uno de los “más interesantes” del primer periodo constitucional, que influyó no sólo en la convocatoria a Cortes sino en las profundas reformas introducidas en la carta magna gaditana, mientras que Criado y Domínguez (1892) lo había motejado previamente de “denodado paladín de las soluciones liberales” a la vez que “ponderado”. Se trata del periódico fundado por Manuel José Quintana (1772-1857), al que le acompañan en esta magnífica tarea como principales redactores los también “distinguidos” literatos e ilustrados José María Blanco White (1775-1841), Bartolomé José Gallardo (1776-1852), Isidoro de Antillón (1778-1814), Juan Álvarez Guerra (1770-1845), Eugenio de Tapia (1776-1860) o Alberto Lista (1775-1848), quienes, a pesar de sus ideas jacobinas, no se “afrancesarán” sino que, como acérrimos defensores de la independencia, liderarán el bando de los “patriotas” liberales. Previamente a la salida del semanario, Quintana había presidido en su casa madrileña su famosa tertulia, no sólo de carácter literario sino también político, desafecta al bando literario de Leandro Fernández de Moratín (1760-1828) pero también del autócrata Manuel Godoy (1767-1851), abrigando en torno a ella las nuevas ideas políticas, económicas, religiosas, literarias o estéticas que habían explosionado con la Revolución Francesa. Del tal suerte, que Gómez Aparicio (1967) señalará como el que “más habría de contribuir a la introducción y difusión en España de las ideas disolventes de la revolución francesa” a un Semanario patriótico que para Seoane (1996) fue “tal vez el más representativo del periodo y el que más prestigio e influjo alcance”, como periódico “serio, doctrinal y didáctico”, llegando a alcanzar un gran éxito, como lo prueban sus 3.000 suscriptores, una cifra extraordinaria para la época. Una vez que las tropas imperiales napoleónicas evacuan por primera la capital española, el semanario comenzará a ser publicado el uno de septiembre de 1808, y tendrá tres épocas, correspondientes a sus respectivas ciudades de edición: Madrid, Sevilla y Cádiz. Saldrá cada jueves en entregas en 4º, en dos pliegos o dos pliegos y medio, es decir, de 16 o 20 páginas, compuestas a una columna, estructuradas en dos grandes secciones: la histórica y la literaria, con mucha mayor preponderancia de la primera. En esta, se incluirán epígrafes, como el de Noticias del interior o del Reyno, del exterior o extranjeras, o públicas, con crónicas de las acontecimientos bélicos; el de Política, en donde se incluyen los artículos de fondo y los didácticos que establecen principios como el de soberanía nacional, artículos remitidos o comunicados, cartas, manifiestos, bandos y legislación política y militar. En la de Literatura, se dará cuenta de obras o se incluirán composiciones en verso. En su época madrileña, el semanario se mostrará partidario de la centralización del poder y contribuirá a la constitución de la Junta Central. La numeración de las páginas de cada tomo del periódico es correlativa, y el primero suma 240, estampado en la Imprenta de Repullés, e incluye el Prospecto. El 13 es el último número de dicho tomo, que corresponde al 24 de noviembre de 1808, y al final del mismo la nota A los lectores, se expresa que el número 14, correspondiente al uno de diciembre, y que inicia nueva paginación, también se había publicado en Madrid. El caso es que, ante la inminente segunda invasión de la capital por las tropas francesas, tanto la Junta Central como los redactores del semanario se trasladarán a Sevilla. La edición del semanario quedó interrumpida hasta el cuatro de mayo de 1809, que reaparece con la entrega 15. Inicia de nuevo la paginación, comenzando así su etapa hispalense, y saliendo de la imprenta de la Viuda de Vázquez y Compañía. Al haber sido Quintana nombrado, en enero de de ese año, oficial de primera de la Secretaría General de la Junta Central, la redacción del periódico queda encomendada principalmente a Antillón, que se ocupará de la parte “histórica”, y a Blanco White, que se ocupará de la “política”, aunque seguirá teniendo también la sección de Literatura, y colaborará asimismo Lista, mientras que Gallardo dejará de estar vinculado a la publicación a finales de mayo. El periódico obtendrá una destacada aceptación por parte del público ilustrado, siendo una publicación “seria y doctamente escrita” y alejada de irresponsables polémicas, pero sus redactores llegarán a ser advertidos por la Junta Central de que templaran y “no extremaran sus ideas en punto a reformas políticas” (Gómez Ímaz, 1910), y al final del número 32, correspondiente al 31 de agosto de 1809, el artículo bajo el epígrafe Aviso al público expresa “la dura necesidad de anunciar” su suspensión, antes de ver al semanario “mudado en otra cosa que lo que hasta ahora ha sido”. De esta forma se cierra su época sevillana, a la que pertenecen el segundo trimestre, que llega hasta el número 27, de 27 de junio, y el tercer trimestre, que había empezado el tres de agosto, y queda interrumpido, integrando el segundo tomo de la colección, con un total de 292 páginas. A los quince meses de su suspensión, el semanario reaparecerá en Cádiz, en donde las Cortes, reunidas para la elaboración del primer texto constitucional español, acaban de declarar por primera vez en España la libertad de imprenta. Así lo expone la nota que, como editor, suscribe Quintana, quien volverá a partir de ahora a ser uno de sus principales redactores, aunque estará acompañado de colaboradores como José Manuel de Vadillo (ca. 1774-1858), Álvarez Guerra, que había sido secretario de la Junta Central, o Antillón, que firma bajo el seudónimo Veranio, y otros que lo hacen con iniciales, como J.M.C.R. y B, mientras que Blanco White se encuentra en Inglaterra. Según Gómez Ímaz, comienza la tercera y la más brillante y prestigiosa época del semanario, juicio este que no comparte Seoane, con el número 33, de 22 de noviembre de 1810, siendo estampado en la Imprenta de Vicente Lema, en entregas de tres pliegos o 24 páginas. Quintana infundirá al periódico su entusiasmo patriótico, su ilustración y sus ideas reformistas, que seguirá ofreciendo información de los sucesos de la guerra y su parte literaria, así como comentarios de las sesiones de Cortes, siendo sus controversias políticas contenidas e imparciales. La colección de esta tercera y última época está integrada por tomos cuatrimestrales. El III, comprende del número 33, de 22 de noviembre de 1810, al 50, de 21 de marzo de 1811, de 440 páginas; el IV, del número 51, de 27 de marzo, al 67, de 18 de julio, de 412 páginas; el V, del número 68, de 25 de julio, al 85, de 21 de noviembre, de 432 páginas, a partir del 78, de tres de octubre, empezara a ser estampado en la Imprenta Tormentaria; y el VI y último, con indicación de año segundo, del número 86, de 28 de noviembre de 1811, al 102 y último, de 19 de marzo de 1812, de 404 páginas. El periódico dejará, por tanto, de publicarse definitivamente “el mismo día en que expira el régimen arbitrario”, es decir, el día que es proclamada y jurada la primera Constitución española. El Tribunal de la Inquisición prohibirá su lectura por un edicto de julio de 1815 bajo pena de excomunión. Además de los citados, sobre este título y sus editores o redactores principales cabe mencionar los trabajos de Vicente Lloréns (1961), André Pons (1990), Raquel Rico Linage (1998 y 2009), Fernando Durán López (2003 y 2006), María Eugenia Claps Arenas (2005), Antonio Gárnica Silva (2005), María José Ruiz Acosta (2009) y Alejandra Pasino (2010), entre otros.