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La España militar (Madrid)

Fuerzas armadas
“Periódico dedicado al Ejército y Milicia Nacional”, cuerpo este que había sido reorganizado tras asumir Baldomero Espartero (1793-1879) la Regencia de España tras la marcha al exilio de la reina gobernadora María Cristina de Borbón (1806-1878). Su propietario, director y principal redactor es el entonces capitán de caballería Eduardo Perrotte, quien había estado publicando previamente El grito del ejército que, como “revista de intereses militares”, tras publicar dieciséis números desde marzo de 1841, es sustituido por este nuevo título, que empieza a publicar a partir del uno de febrero de 1842. Durante la Regencia de Espartero (1841 – 1843) se publicarán en España en torno a una decena de periódicos de carácter corporativo militar, siendo en gran parte liberales, pero tendiendo al final hacía un mayor conservadurismo. Este título es uno de los más sobresalientes. Según su prospecto, su objetivo es difundir la instrucción y los adelantos en las armas del Ejército, pero también “moralizar altamente” a todas las clases que lo componían. Se declara en la “senda del progreso”, pero añade que no será órgano de ningún partido, sino independiente y sólo “a la sombra tutelar de las Cortes”, y enarbolará la disciplina como bandera. En su pretensión de incidir en las reformas militares, señalará que el Ejército a principios de 1842 seguía igual que como un año antes, “ahogado por la influencia del nepotismo y regido por una legislación en contradicción abierta con los principios nuevamente preconizados”, criticando que “sólo permanezca estacionario enfrente del progreso común”. A su carácter liberal, Aguilar Olivencia (1980) le añade que fue inspirado por los dirigentes de la Milicia progresista del periodo, pero como expresión del malestar por las carencias materiales y profesionales, dado su carácter corporativo, fue especialmente defensor de los oficiales de inferior categoría o denominadas “clases asalariadas” militares. Además de Perrotte, la nómina de sus redactores y colaboradores estaba integrada por el brigadier Joaquín Moreno de las Peñas, el comandante Juan Guillén Buzarán, los coroneles Luis Corsini, Francisco Luján y Salvador Valdés, y los generales Juan Van-Halen y Francisco Serrano. Ossorio y Bernard (1904) señala también con sus redactores a Ramón Hallyday y Miguel Álvarez Espina, e identifica a su propietario (en alguna bibliografía, Perrote) como coronel del ejército francés residente en Madrid, quien había publicado un opúsculo en 1841 con el mismo título que su periódico anterior –El grito del ejército-, siendo entonces capitán graduado del Regimiento de Caballería Guías del General. Según Aguilar Olivencia, había pedido la baja del Ejército tras cesar su anterior periódico, al ser amenazado con la expulsión del país. En 1843 publicará otro opúsculo bajo el título Vindicación de los militares pronunciados; en 1854 aparecerá como coronel en el escalafón del Regimiento de Caballería Villaviciosa y, según Ossorio, dirigirá también Journal de Madrid (1855-1856). Esta publicación adoptará diversas periodicidad (dos veces a la semanal, decenal o quincenal) y paginación variada. Su plan fue imprimir dos pliegos (16 páginas) con textos estructurados en las siguientes secciones. La primera, didáctica, como artículos teóricos, filosóficos, científicos y analíticos y también de actualidad. La segunda, histórica y literaria, de asuntos históricos o con la inserción de de planos, modelos, uniformes o dibujos acompañando a los textos, La tercera, oficial, con reales órdenes, circulares ministeriales, promociones, nombramientos, recompensas, etc. Y la cuarta con crónicas y noticias de los movimientos y acontecimientos militares, tanto nacionales como extranjeros, anuncios, comunicados, edictos, etc. Cada entrega contaría con un tercer pliego suelto y paginación propia (ocho páginas) bajo el epígrafe “Biblioteca militar”, con textos de autores militares antiguos y modernos, formando un tomo anual de 288 páginas. Distribuyó con cada entrega láminas en negro o cromolitografiadas, algunas de gran formato y desplegables, según el tipo de suscripción, que se hacía en numerosas ciudades españoles, así como en Lisboa, Manila y Puerto Rico. Salió de la imprenta de Alegría y Charlain y de la de José Cosme de la Peña. La colección acaba con su entrega del 14 de abril de 1843, por lo que duró apenas un año. La edición de El heraldo (Madrid: 1842-1854), de 20 de mayo de 1843, da la noticia de que había cesado en su publicación.