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Diario de La Habana (Cuba)

Diario del Gobierno de La Habana || Diario constitucional de La Habana || Diario del Gobierno Constitucional de La Habana
Aviso (La Havana) || Gaceta de La Habana
Gacetas
Aparece su primer número el uno de septiembre de 1810, como continuación de El Aviso de La Habana (1809-1810) y El Aviso (1805-1808), que a su vez eran continuación de Papel periódico de la Havana (1790-1805) y de la Gaceta de La Havana (1764-1766 y 1782-1783), es decir, las publicaciones oficiosas de la Capitanía General de la capital de las Antillas españolas, de las que desde finales del siglo XVIII se había hecho cargo de su propiedad, edición y dirección la Real Sociedad Patriótica, siendo redactadas por sus principales socios, integrantes del sector intelectual de la sociedad criolla cubana. Por vez primera, se decide que su publicación fuese diaria. A partir del 23 de julio de 1812, y hasta abril de 1820, modifica el título a Diario del Gobierno de La Habana. Durante el Trienio Liberal (1820-1823), se denominará Diario Constitucional de La Habana y Diario del Gobierno Constitucional de La Habana. Antes de que acabara ese año, y hasta enero de 1825, fue Diario del Gobierno de La Habana, y desde el uno de febrero de este último y hasta el tres de febrero del de 1848 recuperará el escueto título Diario de La Habana. A partir del tres de febrero de este último año será continuado por la Gaceta de La Habana, como publicación diaria oficial del gobierno cubano. Sin embargo, la Sociedad Patriótica siguió editando su Diario de La Habana hasta 1854 (Aguilera Manzano: 2007). La colección de la Biblioteca Nacional contiene números del Diario… hasta 1819, y la de la Hemeroteca Municipal de Madrid, de 1812 a 1820. El abogado y filósofo Tomás Agustín Cervantes (1782-1848), que había sido el principal redactor de El Aviso, seguirá dirigiendo el diario hasta 1816. Le sucedió en esta tarea el impresor y periodista de origen vasco José de Arazoza y Soler, que había sido nombrado previamente, en 1812, impresor del Gobierno y de la Sociedad Patriótica y, por tanto del diario. Tras fallecer Arazoza, en 1824, le sustituirá, por real orden de ocho de mayo de 1825, su viuda, Antonia de la Cámara, hasta 1831, y en adelante lo dirigirá y redactará principalmente el hijo de ambos, José Toribio de Arazoza. Sus entregas son, generalmente, de cuatro páginas, compuestas a una columna. Cuando empiece a ser impreso por Arazoza, a partir del 22 de julio de 1812 ampliará su formato, de medio pliego (4º), a pliego español, que será reducido de nuevo a finales de 1823. También aumentará el número de sus columnas y publicará suplementos. Según la colección de la BNE, el uno de julio de 1819 lleva ya estampado en la cabecera un grabado con el escudo de La Habana. En 1825, el número de sus suscriptores ascendía casi al millar. Comienza cada número con el santoral y las “afecciones astronómicas” del día. Entre sus secciones, aparece la denominada Parte política, con noticias del extranjero o locales, bajo los epígrafes de los nombres de los países o ciudades, de Europa, sobre todo de España, así como de América, especialmente de Estados Unidos, Nueva España (México) y América del Sur. Otras secciones tienen los títulos Parte oficial y Parte no oficial, con asuntos de oficio, nombramientos de cargos, normativas o noticias de tribunales. En la denominada “Ocurrencias del día”, las vacunaciones, así como las noticias de pérdidas, alquileres, ventas y compras de haciendas, muebles, alhajas, animales, esclavos y esclavas; del movimiento portuario (entrada y salidas de embarcaciones o mercancías) o asuntos de agricultura (producción de azúcar, café o extracciones de minerales). Publica artículos de diversa índole, así como de carácter literario (crítica, folletines, composiciones poéticas, etc. Su sección “Ramilletes habaneros” es una especie de crónica de sociedad local, y ofrece también la programación teatral y la de toros, e información y documentación sobre la vida de la propia Real Sociedad Patriótica y de otras sociedades cubanas. Trata pues de asuntos políticos, de historia, ciencias, medicina, economía, comercio, agricultura, cultura o costumbres y sucesos (piratería marítima, huracanes, etc.), entre otros, pero asimismo del incesante tráfico de esclavos y de sus revueltas en la isla a partir de 1820. El vaivén de la libertad de expresión que se experimenta en la metrópoli desde 1811 se reflejará en algunos de sus textos. Entre sus colaboradores figurarán, entre otros muchos, el médico Tomás Romay y Chacón (1764-1849), el abogado y naturalista Felipe Poey (1799-1891), el costumbrista Gaspar de Betancourt Cisneros -con el seudónimo El Lugareño- (1803-1866), el literato Ramón Vélez Herrera (1808-1886), Ramón de Palma (1812-1860), Miguel de Cárdenas y Herrera (1815-1864), el periodista José Güell y Rente (1818-1884), el profesor Miguel Teurbe Tolón (1820-1857), el puertorriqueño Narciso de Foxá (1822-1883), Idelfonso Estrada y Zenea (1826-1912) o Manuel Orgallez, así como las literatas españolas Gertrudis Gómez de Avellaneda (1814-1873) o Virginia Felicia Auber (1825-1897) José Andrés Martín Fortún y Foyo elabora, en 1955 el índice y sumarios del Diario de La Habana, desde 1812 a 1848. Otras referencias para este título son las de Vázquez Cienfuegos (2007) y Oliva Núñez (2010).