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Madrid ilustrado (Madrid)

Revistas de información general
Publicación mensual de tan sólo ocho frugales páginas por entrega, obra personal sin duda de quien ha sido considerado como el traductor más prolífico de la posguerra española, Juan G. de Luaces, cuyo nombre y apellidos completos corresponden a Juan González-Blanco Luaces (1906-1963), según el trabajo publicado en Arbor por Marta Ortega Sáez (2009), y que al comienzo del periodo republicano había sido representante de la Juventud Republicana Federal. Luaces comenzó a publicar su revistilla en noviembre de 1934, siempre visada por la censura impuesta tras los acontecimientos del mes de octubre de ese año, reproduciendo casi siempre en su primera página algún poema, junto a un dibujo de Román, de los que integran el libro Estampas que acaba de publicar ese año. El escritor utilizó la revista para publicitar su obra creativa, y contrasta este carácter puramente literario de su primera plana con otros contenidos que impregnan las páginas interiores: comentarios de actualidad política internacional y nacional desde una posición defensora del moderantismo, breves semblanzas laudatorias no sólo de los presidentes de la República y del Gobierno sino de personajes del mundo de las finanzas, entre otros, junto a otras gacetillas tan dispares entre sí como dar cuenta de una cena castiza en el Mesón del Segoviano o una descripción de la Hemeroteca Municipal de Madrid, con otras noticias económicas y corporativas que son cuasi publicidad encubierta de entidades bancarias, de seguros y de otras grandes empresas que, además, son las que patrocinan la revista a través de inserciones publicitarias. A partir de agosto de 1935, el nombre del director aparece indicado en la cabecera, además de añadirle el subtítulo “publicación literaria”, publicación que se presenta más como un mosaico variopinto en el que aparecen, incluso, notas sobe toreros, e inserta algunos fotograbados. Prácticamente no aparecen otros nombres como autores de los textos, excepto el de Cecilio Recalde, y de su hechura se advierte el interés crematístico que la publicación pudo tener para la economía familiar de Luaces. La última entrega, número 16 de la colección, corresponde a abril de 1936.