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La Joven Navarra (Navarra)

Revistas de información general
Periódico de literatura, ciencias, artes, industria y comercio, indica el subtítulo de “una de las más notables y eruditas” publicaciones navarras de la época (Imbuluzqueta: 1993), y aunque en su primer número exponga que no iba a tratar de política, serán las ideas liberales las que “afloran en sus páginas”, teniendo en cuenta que sus principales redactores estaban adscritos al moderantismo o al progresismo, según señala Ángel García-Sanz en el artículo que publica sobre este título en la obra colectiva La prensa de los siglos XIX y XX (1996). La colección de este periódico en la Biblioteca Nacional de España (BNE) alcanza hasta su entrega 13, correspondiendo su periodo de publicación del 16 de febrero al 16 de mayo de 1860. Aunque pudo haber publicado otras dos entregas posteriores, según el catálogo de García Rico (1916). En un año en el que sólo se publicaba el Boletín Oficial de Navarra, aparecerá también este título los días 1, 8, 16 y 23 de cada mes -prácticamente fue semanal-, en formato folio menor, con ocho páginas cada entrega, compuestas a dos columnas, y con foliación continuada, alcanzando un total de 104. Su permanencia resultó ser, por tanto, corta, llevando adornada su cabecera con el grabado de una vista de la ciudad de Pamplona. En el prospecto había señalado que la publicación estaría preferentemente dedicada a la “juventud estudiosa” navarra, prestando especial atención a temas de historia, leyendas o tradiciones locales, según la reproducción que hace del mismo el citado Imbuluzqueta, tomándolo del transcrito en un artículo del seis de julio de 1923 de La Voz de Navarra. Se estructura en secciones, comenzando por la literaria, dedicada a artículos doctrinales, de historia, geografía, música o pintura, entre otros; otra será para temas de ciencias o industria; tendrá una Revista teatral, así como la denominada Mosaico, una especie de gacetilla de actualidad local; también ofrece los precios de los granos del mercado y, al final, inserta anuncios, que en los últimos números llegan a ocupar completamente la última plana. Un artículo con motivo del aniversario del fallecimiento de José Mariano de Larra (1809-1837), firmado por Luis María Lasala Lozano, y otro sobre el origen de la imprenta en Navarra, bajo las iniciales P.I., comienzan la primera entrega, que también estará dedicada a textos, tanto en prosa como en verso, dedicados a celebrar de forma entusiasta la reciente toma de Tetuán por el ejército español en la Guerra de África, en la que estaban participando activamente los navarros -asunto este del que seguirá tratando en posteriores entregas-, firmados, entre otros, por el ya citado Lasala, así como por Silverio Falcón, Eladio Rivas, Teodoro Gandiaga, el entonces gobernador civil de la provincia, Trinidad Sicilia (con una proclama) o la crónica de Joaquín Salboch, que escribirá sobre los actos llevados a cabo por tal acontecimiento. Aunque se desconoce quién pudiera ejercer la dirección del periódico, es a Salboch a quien se le ha atribuido, y García-Sanz indica que tanto Lasala como Rivas pudieron ser sus promotores. Aparece indicado como su editor responsable Sixto Díaz de Espada, que también era el encargado de la Imprenta de Huarte, donde se estampaba. El secretario de redacción fue un entonces joven Eduardo Ilarregui Iguerabide, y entre sus colaboradores se encontraron, asimismo, Pablo Ilarregui Alonso (padre del citado Eduardo), Javier Rota Aranaz, Joaquín Jamar Domenech, Tirso Elizalde, Pedro Gómez, Juan Yangüas, Sotero Martínez de Zúñiga, el fuerista Víctor Oscáriz y Lasaga o Juan Iturralde Suit, entre otros. La mayor parte de ellos eran jóvenes pertenecientes a las clases profesionales y medias. Entre otros contenidos de interés de la publicación, destaca la partitura musical titulada Leopoldina: redowa, dedicada en honor al general O’Donnell, por el maestro D.M. García, así como algunas de las ilustraciones que a veces insertó, como un grabado humorístico sobre la citada Guerra de África; además de varios artículos de historia, como el dedicado al origen de la monarquía navarra, o los referidos a Economía y trabajo; Derecho penal, firmados por Yangüas, o sobre Filosofía de la historia, bajo la rúbrica de Oscáriz. Además de las fuentes citadas, para la historia de la prensa navarra del siglo XIX pueden consultarse las obras de Juan María Lacea (1977) o Ana María Calzada (1964), entre otras.