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Revista cántabro-asturiana (Cantabria)

Revista cántabro asturiana
Tertulia (Santander)
Cultura
Es continuación de La Tertulia, publicación que había estado apareciendo entre 1876 y 1877, y que también forma parte de la colección de la Biblioteca Nacional de España. Una y otra son consideradas “de trascendencia capital para la literatura de Cantabria, tanto por la calidad de sus colaboradores como por haber sido foco destacado de regionalismo y de una escuela literaria autóctona” (Salvador García Castañeda: 1990). Revista cántabro-asturiana comienza a publicarse el cinco de agosto de 1877, y modifica el anterior título al querer sus artífices abarcar ahora “los intereses literarios de las dos Asturias”. Su editor sigue siendo el mismo, el impresor Francisco Mazón (1842-1900), así como sus más conocidos inspiradores y redactores: José María de Pereda (1833-1906) y Marcelino Menéndez Pelayo (1856-1912). Su formato y diseño es similar a su antecesora, en folio, con entregas de 32 páginas, compuestas a una columna, a la que se suma una cubierta (4 p.), que va a servir para insertar alguna publicidad comercial, entre la que se incluyen anuncios bibliográficos. Así mismo, tendrá una aparición quincenal, los días cinco y veinte de cada mes. Con foliación continuada, editará hasta 18 cuadernos, correspondiendo el último al 20 de abril de 1878. Saldrá también de la Imprenta de Solinis y Cimiano, establecida en la calle Arcillero, de Santander. En su última entrega una escueta nota a los suscriptores, firmada por Mazón el uno de mayo, se indicará que “causas ajenas a nuestra voluntad nos obligan a suspender la publicación de la revista”. Para evitar algún inconveniente que pudiera tener denominarla Revista de las dos Asturias, fue elegido el título Revista cántabro-asturiana, se señala en su Prospecto, cuya autoría ha sido atribuida al propio Menéndez Pelayo. Anuncia en el mismo que había llegado “la hora de restablecer la antigua fraternidad” entre las dos provincias y de “resistir a la centralización en todas sus esferas”. Como programa de “exaltación regional”, se pedía: “Unámonos asturianos y montañeses, y en la unión encontraremos nueva fuerza ¡Y quién sabe si antes de mucho, enlazadas hasta ‘oficialmente’ ambas provincias, rota la ilógica división que a los montañeses nos liga a Castilla, sin que seamos, ni nadie nos llame, ‘castellanos’, podrá la extensa y riquísima zona cántabro-asturiana formar una entidad tan ‘una’ y enérgica como la de Cataluña, luz y espejo hoy de todas las gentes ibéricas!”. El programa editorial trazado para la publicación es el mismo que alumbró a La Tertulia, sólo que ahora “extendido y ampliado” geográficamente. Por lo que sus páginas tratarán, “con preferencia”, sobre historia, geografía, arqueología, biografía, además de “amena literatura”, y sin dejar aparte las cuestiones científicas e industriales. Su “vasto” campo alcanzará a las tradiciones, usos, costumbres y “mitología popular, la poesía indígena, escondida aún (por lo que hace a la Montaña) cuando en toda España van despertando las literaturas regionales”, se añade en dicho Prospecto. El número de redactores y colaboradores de la revista es también vastísimo, muchos de ellos ya lo habían sido de La Tertulia, como es el caso de los citados Menéndez Pelayo y Pereda, así como Benito Pérez Galdós, y aparecen también las firmas de Emilia Mijares del Real, Josefa Pujol de Collado, Adela Sánchez Cantos y Micaela Silva y Collas. Otros autores que firman en sus páginas son Adolfo de Aguirre, Albino Alonso Madrazo, Fernando Araujo, Manuel Baraja, Bartolomé Bengoa, Eduardo Bustillo, Fermín Canella Secades, Manuel Díez de Quijano, Demetrio Duque y Merino, Amós de Escalante, Francisco Espínola, Ernesto Fernández, Tomás Fernández de Castro, Adolfo de la Fuente, Timoteo García del Real, Gervasio González de Linares, Mariano Herrero Martínez, Federico y Juan José de La Lastra, Gumersindo Laverde, M. Hache, Manuel Marañón, Andrés de Montalvo, Ricardo Olarán, Jesús Pando y Valle, Bonifacio Pérez Rioja, Alejandro Pidal y Mon, Enrique Reoyo Garzón, José Antonio del Ríos, Ángel de los Ríos y Ríos, Anselmo Salva, Eusebio Sierra, Evaristo Silio y Rodríguez, Eduardo de Topalda, Honorio Torcida, Telesforo Trueba y Cosío, Benito Vicens y Gil de Tejada, Primitivo Zárate y Juan José Zorrilla. En su Prospecto también había quedado señalado como principio de la revista su “inviolable respeto al dogma y a la moral católicos, al espíritu y tendencias de la raza española y a los fueros del buen gusto”, y aunque tampoco dio lugar a entrar en política, como su antecesora, sus principales artífices “constituyeron una afirmación de catolicismo” y “una exaltación de los valores tradicionales”, además de “la consciencia de representar a la escuela literaria montañesa” (García Castañeda: 1990), a la vez que “representó un desafío a aquella otra corriente de pensamiento liberal que tuvo en la región notables logros” (Manuel Suárez Cortina: 1994). Cada número comienza con un sumario, y al final del tomo se incluye un Índice elaborado con los epígrafes de los trabajos publicados y sus autores, entre los que se encuentran también traducciones literarias, entre ellas, la novela Gómez Arias o los moros de las Alpujarras, de Telesforo Trueba y Cosío. Cuenta con una Sección bibliográfica. García Castañeda también analizó en 1979 las colaboraciones de Galdós en esta revista, y otras referencias bibliográficas a la misma son las de José Simón Cabarga (1982), Antonio del Campo Echevarría o José Manuel González Herrán (2012).