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El Diario montañés (Cantabria)

Periódicos
El diario católico que se convertirá en el decano de la prensa cántabra publica su primer número el viernes, uno de agosto de 1902, fundado, con la intervención del entonces obispo de la diócesis de Santander Vicente Santiago Sánchez de Castro (1884-1920), por la fracción más radical, tanto política como religiosa, del conservadurismo integrista de esta región, que se separa del diario La Atalaya (1893-1927), con el que competirá en su primera época, además de con el otro matutino El Cantábrico (1895-1937), pero éste de perfil democrático-republicano moderado y laico, siendo su empresa editora La Propaganda Católica de Santander, S.A. El aragonés Ángel Quintana Lafita (1865-1954) lo estuvo dirigiendo hasta 1924, y entre sus primeros redactores y articulistas se encontraban Enrique Menéndez Pelayo (1861-1921), José María Quintanilla (1867-1925); uno de los fundadores y gerente de La Propaganda Católica, Eduardo de Huidobro (1867-1936), así como el farmacéutico José Zamanillo Monreal (1866-1920), fundador del Círculo Católico de Obreros (1895) y presidente de La Propaganda Católica, que tendría una sección fija en el diario de carácter social-católico. Después se sumarán a sus páginas colaboradores como Alejandro Nieto (1873-1930), que firmará con los seudónimos Amadís y Nemo; Pedro de la Vega y de las Cagigas, que lo hará con el de Canta Claro, o José del Río Sáinz (1884-1964), que será director de La Atalaya a partir de 1922. Como órgano de prensa del integrismo católico más intransigente, sus tiradas no eran amplias, y en su primera década destaca la edición especial que publica con motivo del fallecimiento del escritor carlista José María Pereda, en marzo de 1906. A su primer director, en 1925 le sucederá un joven periodista y viajero, formado en la Escuela de El Debate, Joaquín Arrarás Iribarren (1898-1975), y junto al entonces presidente del consejo de Administración de la empresa editora, José María Gutiérrez Calderón; el consejero delegado, Emilio García Yllera, y el administrador, Vicente Corro, llevará a cabo la primera modernización del diario y su imprenta, con la construcción de su primera sede, en la calle Arcillero, de Santander, la incorporación de un taller de fotograbado, el cambio de formato del periódico y la innovación periodística de sus contenidos. Hasta la proclamación de la II República Española, fueron también sus directores Adolfo Arce Gutiérrez (1869-), que fue sustituido, en 1931, por el escritor carlista-tradicionalista catalán Melchor Ferrer Dalmau (1888-1965), y de nuevo, interinamente, por Arce, hasta que, en agosto de 1932, Manuel González Hoyos (1900-1984) toma su dirección en una primera etapa hasta que es cesado y el diario incautado por el Frente Popular el 20 de julio de 1936, dos días después del golpe de Estado. Como defensor de los idearios católicos tradicionalistas y ultraconservadores, había apoyado a la alfonsina Agrupación Regional Independiente (1932), vinculada, primero, a Renovación Española y, después, al Bloque Nacional, y, por tanto, contraria al régimen republicano, y fue órgano de Acción Católica, radicalmente beligerante no sólo contra el marxismo sino contra el liberalismo. Durante este periodo, no sólo sufrió multas y suspensiones, como la posterior a la sanjurjada de agosto de 1932, sino también intentos de asaltos a sus dependencias. En vísperas del estallido de la guerra civil, este diario confesional-tradicionalista, con una tirada estimada en unos 5.000 ejemplares, competía con otros tres, el ya citado El Cantábrico, de centro izquierda y el de mayor tirada, con unos 10.000 ejemplares, y el vespertino situado en la izquierda y de tendencia socialista La Región (1924), con 9.000 ejemplares, así como el de centro derecha La Voz de Cantabria (1927), que había nacido de la fusión de la citada La Atalaya y El Pueblo cántabro (1914) y tenía una tirada cercana a los 8.000 ejemplares. Al fracasar el golpe militar en Santander, el maestro e inspector de Enseñanza y miembro de Izquierda Republicana Jesús Revaque Garea (1896-1983), que desde 1927 era redactor de El Cantábrico, asumirá la dirección técnica de El Diario Montañés hasta finales de 1936; siendo sustituido accidentalmente a primeros de 1937 por el socialista Luis Goicuría, y éste por el abogado Víctor Ribera Rodríguez. A finales de octubre de 1936 había aparecido, en Burgos, un número especial, de cuatro páginas, de El Diario Montañés, como “periódico católico de la Montaña”; y, el 27 de junio de 1937, el Frente Popular ordenará la suspensión de las cuatro cabeceras diarias santanderinas, publicando La Voz de Cantabria su último número el 27 de ese mes, y La Región, el día 29, siendo sustituidas por un único diario bajo la cabecera La República, que se publicará del 29 de junio al 24 de agosto. Tras la completa conquista de la provincia por las tropas rebeldes dos días después y la incautación del citado El Cantábrico y parte de su maquinaria, el partido único del nuevo régimen militar - FET y de las JONS-, comenzará a publicar el dos de septiembre en Santander Alerta, convirtiéndose este nuevo matutino en el único competidor del viejo diario católico El Diario Montañés, que reaparecerá el día siete de ese mismo mes y año, continuando su suspendida secuencia y recuperando La Propaganda Católica de Cantabria, S.A. su propiedad. En 1938, La Voz de Cantabria se fusiona con El Diario Montañés, al que pasa parte de la maquinaria y el personal del primero, constituyéndose la nueva empresa Editorial Cantabria, S.A., conservando La Propaganda Católica de Santander, S.A., la mayoría de las acciones, y asumiendo de nuevo González Hoyos la dirección del periódico, hasta su jubilación en 1966. Su gerente será Arturo de la Lama Ruiz-Escajadillo, que lo venía siendo desde los años treinta. El catorce de febrero de 1941 al ser pasto de las llamas el edificio y los talleres del diario en el incendio que asoló la ciudad de Santander, reapareció en 48 horas impreso en Palencia y, seguidamente, en Bilbao, hasta que nueve meses después volvió a ser editado en Santander, instalando, en 1942, su nueva sede en la calle Moctezuma. El 19 de febrero de 1941, habían llegado a aparecer dos ediciones simultáneas, en Palencia y Bilbao, de su número 12.185. Durante la dictadura franquista será un diario de unas seis páginas por número y a ocho columnas, empleando las dos tintas para su impresión a partir de los años cincuenta, y aumentando su número de páginas, hasta la docena, en la siguiente década, cuando su tirada era de 16.000 ejemplares, según el Anuario de la prensa española, de 1965. En el de 1970, aparece una tirada declarada entre los 10 y 14.000 ejemplares y ya se autodefine “periódico independiente”, frente a Alerta, el diario cántabro de Prensa del Movimiento, cuya tirada declarada era de 39.250 ejemplares. Tras la guerra civil, se habían incorporado como principales redactores o colaboradores Enrique Vázquez López (1892-1970), que había comenzado en los años veinte sus colaboraciones en El Cantábrico, usaba el seudónimo Polibio y tenía secciones muy populares bajo los epígrafes Grimpolas y Gallardetes; así como el comerciante y exconcejal cedista Ladislao del Barrio Maza, con la sección Tochás, y José Antonio Quijano de la Colina (1872-1958), segundo conde de las Forjas de Buelna , que escribirá sobre agricultura, entre otros. El fotógrafo será Joaquín Arauna Asenjo (1902-1965), que entre 1937 y 1938 lo había sido de Alerta. En 1952 editará un número extraordinario con motivo de la celebración de sus “bodas de oro”. Entre 1967 y 1968 lo dirigirá el periodista gallego José Antonio Gurriarán (1938-), al que le sucederá, en 1969, un veterano periodista de la casa, Florencio de la Lama Bulnes (1905-1998), que había sido su redactor jefe, además de regente, desde 1931 a 1960, y, después, subdirector. José Aurelio Valdeón Mediavilla (1921-1982) lo dirige en 1970; Miguel Ángel Santamaría García (1940), hasta 1972; Ramón San Juan Corrales (1914-1985), que también se había incorporado a su redacción en 1935, lo dirigirá hasta 1979. Este año asume la dirección Manuel Ángel Castañeda Pérez (1948-), incorporado a su redacción en 1967, sucediéndole, en octubre de 2014, el periodista vasco José Miguel Santamaría Alday (1959-). En 1984, había pasado a ser propiedad del grupo Correo -después, Vocento-, y, desde una posición de centro derecha, se convertirá en el diario de mayor difusión en Cantabria, que, en 2010, alcanza los 32.324 ejemplares, según la OJD. A partir de 2013, publica suplementos semanales para El Astillero, Camargo, Campoo, Laredo-Asón y Cantabria Occidental, que también forman parte de la colección de prensa actual de la Biblioteca Nacional de España. Desde 1985 edita un Anuario. Las principales referencias para este título son las de José Simón Cabarga, autor de Historia de la prensa santanderina (1982); Antonio del Campo Echeverría, que publica, en 1987, el catálogo Periódicos montañeses (1808-1908), y José Ramón Saiz, autor, en 1988, Cien años de prensa periódica en Cantabria. En 1997 se publica el Catálogo de publicaciones periódicas de Cantabria de la Biblioteca Municipal de Santander (1809-1996). Asimismo, en 2001, Miguel Ángel Solla Gutiérrez publica su investigación sobre la prensa en Cantabria durante la guerra civil, asunto que vuelve a analizar en 2010, ahora acompañado por Jesús Francisco Gutiérrez Goñi, publicando éste su tesis doctoral sobre el mismo tema en 2009 y una monografía en 2013. Trabajos generales en los que se estudia también la prensa cántabra durante la guerra civil y la posguerra son los de Julián Sanz Hoya (2006 y 2009).