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Crónica de la Expedición Iglesias al Amazonas (Madrid)

Revistas turísticas y de viajes
Revista de periodicidad mensual que empezó a publicarse en noviembre de 1932, siendo su director gerente el entonces capitán de ingenieros y pionero de la aviación Francisco Iglesias Brage (1900-1973), que un año antes había redactado y publicado el proyecto, con la organización y presupuestos, acompañado de grandes planos plegados al final, de la expedición científica que lleva su apellido, destinada a explorar la inmensa región del Alto Amazonas, aunque nunca llegaría a materializarse. Previamente, Iglesias había protagonizado dos proezas aeronáuticas, acompañado del también capitán Ignacio Jiménez Martín (1898-1959): en 1928, el vuelo entre Sevilla y Karachi (Paquistán), que acabó al tener que ser rescatados en el desierto de Basora (Irak) por el ejército inglés y, en 1929, el de Sevilla a América, a bordo del monomotor Jesús del Gran Poder. A su vuelta a España, Iglesias ideó recuperar la tradición de las expediciones científicas españolas suspendidas a mediados del siglo XIX, en este caso contando con los nuevos avances tecnológicos y con investigaciones en los campos de la geografía, geología, mineralogía, botánica, zoología, medicina, etnografía, antropología, radio y magnetismo en esta zona del Amazonas entonces poco conocida, siendo aprobada su realización por decreto, en mayo de 1932, por el Gobierno de la República Española, en el seno de una Fundación Nacional para Investigaciones Científicas y Ensayos de Reformas y con un patronato que fue presidido por el doctor don Gregorio Marañón, que también presidía entonces la Real Sociedad Geográfica, de la que el capitán Iglesias era así mismo miembro, que a su vez fue secretario técnico del patronato. A este patronato se incorporan intelectuales como don José Ortega y Gasset, don Ramón Menéndez y Pidal y don Fernando de los Ríos, entonces ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, y con representantes también de Colombia, Perú, Ecuador y Brasil. Para difundir el proyecto y su preparación, que fue acogido con entusiasmo por personalidades relevantes de la cultura española como las citadas, se publicará esta revista, calificada de “interesante” y “espléndida” por sus contenidos, entre los que se encuentran colaboraciones de prestigio y secciones fijas sobre exploraciones históricas anteriores, información sobre los comités de apoyo a la expedición, y de crónicas y noticias de España y América, además de ilustraciones (fotograbados y reproducciones de mapas). Sus entregas, con cubierta, son en torno al medio centenar de páginas, compuestas a una y dos columnas. Fue editada bajo el también patrocinio del entonces Centro de Estudios Históricos, antecedente del posterior Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), contando igualmente con el apoyo del Instituto Geográfico y Estadístico. Además de los textos del propio capitán Iglesias (amigo de pintores y poetas como García Lorca o Cernuda), entre sus colaboraciones aparecen las firmadas por el mismo doctor don Gregorio Marañón, Gustavo Pittaluga, José María Torroja, Francisco Hernández Pacheco, Eduardo Hernández Pacheco, Víctor de la Serna, Basilio Álvarez, Daniel Samper Ortega, José Cuatrecasas, Ferreira de Castro, Jaime González de Aledo y Rittwagen, Carlos Estevao, Waldo Frank e I. Bolívar, entre otros. También insertará publicidad comercial. Tras la entrega número 11, de septiembre-octubre de 1933, pasa a publicar las número 12 y 13, de julio y agosto de 1934, respectivamente. De nuevo, dejará de aparecer hasta que publica un número extraordinario, en febrero de 1935, de más de un centenar de páginas, dedicado exclusivamente a la botadura del buque oceanográfico Artabro, el primero de propulsión eléctrica con dos diésel construido en España. La revista iba a servir para dar cuenta de la expedición, sus trabajos y hallazgos científicos. Ésta despertó gran interés entre las sociedades científicas de Europa y América, y de cuyo proyecto Iglesias dio cuenta en ruedas de prensa en toda España. Tenía previsto zarpar del Ferrol el 12 de octubre de 1935, pero tras varios aplazamientos, el Gobierno decidió su suspensión definitiva. Referencias sobre Iglesias y su expedición son, principalmente, las publicaciones de López Gómez (2001 y 2002) y Núñez de las Cuevas (2008).