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El Caballero de la triste figura (Burgos)

Literatura
El prolífico escritor, periodista, catedrático e historiador José Martínez Rives (1820-1895) editó y dirigió esta publicación, que salió cada domingo, a partir del uno de marzo de 1868, en entregas de ocho páginas, compuestas a dos columnas, de la imprenta burgalesa de Timoteo Arnaiz, en cuyas primeras cuatro planas volvió a publicar, aunque incompleta, la “tercera parte” de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, compuesta por el Bachiller Avellanado –su seudónimo–, como una continuación de la inmortal obra de Miguel de Cervantes, en la que narra en primera persona la visita a Don Quijote y Sancho Panza en el reino de la inmortalidad, desde el que sus protagonistas vivirán nuevas aventuras (López Navia: 2010). Martínez Rives ya había publicado previamente, a partir del 25 de julio de 1861, y también como folletín y, por tanto, por entregas, su “heterodoxa” obra cervantina en el periódico El Eco burgalés, del que también había sido du propietario y director, y en 1865, la compilará en un volumen estampado en la imprenta burgalesa de Blas González. En la Biblioteca Digital Hispánica (BDH) está disponible el primer tomo de una segunda edición, de 1866, impresa en el establecimiento tipográfico de Anselmo Cariñena, en un volumen de 80 páginas, en 4º. La publicada en El Caballero de la triste figura es una versión corregida, tanto de la original como de la que después publicará –asimismo en entregas– en Fígaro (1879-1880), que Martínez Rivas fundará y dirigirá también en Burgos, y que llega a ocupar casi el ochenta por ciento de las cuatro páginas de este periódico. Ha sido María Luisa Tobar quien en diversos trabajos ha investigado y analizado (2005, 2006 y 2007) esta obra cervantina de Martínez Rives y señalado que “se tiene la impresión de que el objetivo principal” de los dos periódicos citados que fundó fue “el de cobijar entre sus páginas al nuevo Don Quijote” del Bachiller Avellanado, que en alguna bibliografía de referencia se había llegado a confundir con el de Avellaneda. Efectivamente, el propio Martínez Rives dividirá El Caballero de la triste figura, al que subtitula “periódico semanal de bellas artes” –aunque esté casi completamente dedicado a la literatura–, en cuatro secciones. En la primera incluirá su recreación quijotesca, que ocupará prácticamente la mitad de cada entrega; y en las restantes cuatro páginas, la sección segunda, bajo el epígrafe Romances españoles; la tercera, con textos de costumbres, filosofía y crítica, y la cuarta, de variedades, con composiciones en verso y charadas, principalmente. Martínez Rives contará para este periódico con Jacinto Ontañón y Arias y Manuel Martínez Añibarro como colaboradores. La colección de El Caballero de la triste figura consta de catorce entregas, correspondiendo la última al 31 de mayo de ese mismo año 1868, que –con foliación continuada– suman 114 páginas. Martínez Rives, en la introducción a su “tercera parte” del Quijote, hace despertar en la mitad del siglo XIX a dos personajes que le son bien familiares, uno “espigado” y otro “rechoncho”, tras caer el Bachiller Avellanado por una sima, en la “Cueva de Atapuerca, cerca de Burgos, que es un lugar de Castilla de cuyo nombre he querido acordarme”, dirá al comenzar su relato. Cueva que sería dibujada por Isidro Gil Gabilondo (1843-1917), compañero que fue de Martínez Rives, en la obra Descripción con planos de la cueva llamada de Atapuerca (1868), que también está disponible en la BDH. Para la prensa periódica en Burgos durante el siglo XIX, véase también la obra de Juan Carlos Pérez Manrique (1996).