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Revista penitenciaria (Madrid)

Establecimientos penitenciarios
Faltan casi todas las portadas y se ha optado por digitalizar cada volumen anual en un sólo PDF. --- Aparece en julio de 1904, tras ser autorizada su publicación por el entonces ministro de Gracia y Justicia, el conservador Joaquín Sánchez de Toca (1852-1842), como “órgano oficial” del Consejo Penitenciario, para difundir en las corporaciones y organismos y en “la opinión general” las ideas, conocimientos e informaciones que contribuyeran a “fomentar y mantener el espíritu favorable al desarrollo de la reforma” en este campo jurídico, político y social, y ello desde un carácter científico, pero sin “ningún género de pretenciosos atributos”, tal como se indica en su artículo de presentación. Como órgano de difusión de las iniciativas del Consejo Penitenciario, al frente del mismo está una de las tres grandes figuras de las nacientes ciencias penales y criminalísticas españolas –las otras dos fueron Concepción Arenal (1820-1893) y Pedro Dorado Montero (1861-1919)– que en ese momento era el secretario general de dicho consejo, Rafael Salillas y Panzano (1854-1923), médico y destacado alentador de estos estudios y de la reforma y que, entre otras iniciativas y ocupación de cargos públicos, será también el primero director de la Escuela de Criminología, desde su fundación, en 1906, hasta su fallecimiento. Cada entrega de la revista, que aparecerá en la primera decena de cada mes, consta de 64 páginas, compuestas a una columna, y con foliación continuada anual. Cada año formará un tomo, con un índice de sus contenidos, que serán estructurados en secciones, como la doctrinal, la dedicada al Consejo Penitenciario (creación y organización, nombramientos, sesiones o acuerdos), la de informaciones e iniciativas sociales (situación de los presos, actividad de los patronatos, cuestiones sociales del delito o del alcoholismo o la construcción de nuevas prisiones), a crónicas de asuntos científicos referidos a instituciones y leyes penales o a asuntos policiales (de carácter científico, práctico o profesionales), a crónicas de asuntos oficiales (sobre personal, inspección, estadísticas u obras) y otra sección a intereses corporativos. También difundirá pliegos con una Guía penitencia, una Guía penitenciaria internacional, o novelas “penitenciarias”, como es la titulada Jane Cameron. Su carácter internacional también quedará patente tanto en sus datos informativos, como crónicas y textos doctrinales. Aunque Salillas fue también casi el único redactor de la revista, en esta participan con sus trabajos un amplio abanico de personalidades renombradas de la cultura española de la época, entre intelectuales, abogados, políticos, penalistas o criminólogos. Entre estos, junto al propio Salillas, los también penalistas Francisco Lastres y Juiz y José María Valdés Rubio, así como dirigentes gubernamentales como Francisco Silvela, Segismundo Moret, Eduardo Dato y José Canalejas, o el catedrático Gumersindo Azcárate, dirigente del Instituto del Instituto de Reformas Sociales y del Ateneo de Madrid. Otros colaboradores son Trinitario Ruiz Capdepón, Rafael M. de Labra, José María Manresa, Juan Catalina García, Juan Maluquer Viladot, Fermín Calbetón, José María Valdés Rubio, Federico Oloriz, Manuel de Tolosa Latour, José Urioste y Velada, Javier Ugarte, Eduardo Martínez del Campo, Jorge Loring, R. Villaverde o los marqueses de Vadillo y de la Vega de Almijo y el conde de Sain Simon. El propio Salillas usará también para firmar sus textos los seudónimos Cristóbal Cerdán de Sandoval o el de Mateo Tedesco, entre otros. Otros colaboradores son José Alijo Luque, Enrique Belled o el juez de menores Eugenio Cuello Calón. La revista dirigida por Salillas coincidirá con la publicación de la Revista de prisiones, que venía dirigiendo desde prácticamente su fundación, en 1893, otra de las figuras representativas del derecho penitenciario español del primer tercio del siglo veinte: Fernando Cadalso Manzano (1859-1939), quien desde 1902 sería el inspector general de Prisiones, hasta que, durante la Dictadura de Primo de Rivera (1923), fue ministro de Gracia y Justicia. Mientras que la publicación de Cadalso tenía una orientación pragmática sobre la función y organización de estos establecimientos y un carácter corporativista, la de Salillas no sólo atendió a esas cuestiones, sino que se interesó por los valores y filosofía humanistas que debían abrigar a dichas instituciones. Tras publicar en febrero de 1908 su última entrega, Revista penitenciaria dejará de publicarse. Las razones de su cese se deben a la “desarticulación” por parte de Cadalso, que influyó en Ángel García Rendueles (1845-1913), tras su nombramiento, en 1907, como director general de Prisiones, de la revista y el pensamiento de Salillas, quien por su parte había publicado previamente un artículo –El año penitenciario 1907- como alegato a su activa intervención en la evolución de los asuntos y estudios penitenciarios de las últimas tres décadas. La digitalización de la colección de este título, que carecen de las correspondientes portadas de sus entregas, excepto de las primeras anuales, la forman sus cinco volúmenes o tomos. Referencias bibliográficas para este y la cuestión penitenciaria protagonizada tanto por Salillas como Cadalso son los trabajos de Enrique Sanz Delgado, la tesis de Jorge Alberto Núñez o los de José Antón Oneca, entre otros.