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Mercurio gaditano (Reimp. en Sevilla)

Cádiz, por su rey Fernando Séptimo
Periódicos anteriores a 1850
Ocupan las cuatro páginas de esta reimpresión sevillana realizada por el Setabiense, con fecha 20 de mayo de 1814, una larga crónica de las fiestas que se celebran en Cádiz con motivo de la entronización del monarca absolutista, en cuya cabecera aparece la leyenda “Cádiz por su rey Fernando séptimo”. El periódico había aparecido en esta ciudad el día anterior, jueves, 19 de mayo, y con una frecuencia diaria llegará a editar 158 números de cuatro páginas pero también de ocho, hasta el domingo 23 de octubre del mismo año. Siguiendo a Luis del Arco, otros autores, como Checa Godoy, han señalado que este Mercurio es como una continuación del periódico liberal gaditano El redactor general, que durante los primeros meses de 1814 se había editado en Madrid con el título Redactor general de España, hasta, exactamente, el 18 de mayo de ese año. El Mercurio gaditano aparece pues tras el decreto fernandino de cuatro de mayo reprimiendo la libertad de imprenta y la derogación de la Constitución doceañista, y un reciente estudio de Ana Martínez García en la obra colectiva Cambio político y cultural en la España de entresiglos (2008) reconoce su subyacente ideología liberal moderada adaptada a la nueva realidad política en manos de la reacción absolutista. Del Arco ya había señalado que, en relación con El redactor general, el Mercurio gaditano mantiene las mismas secciones pero disminuyendo considerablemente sus contenidos políticos y aumentando los de carácter comercial local y literario. Otro de los aspectos que llevan a identificar este Mercurio con El redactor general, es que utiliza para estamparse imprenta propia. Precisamente, el Mercurio gaditano publicará las reflexiones sobre Schlegel de Juan Nicolás Böhl de Faber, en las que se introducirá el romanticismo en España, identificándolo con el absolutismo, y que originará ya las primeras polémicas de este movimiento en ciernes, en las que participan José Joaquín de Mora, con el seudónimo Mirtilo, y Antonio Alcalá Galiano, con el de El Imparcial.